El psicoanálisis, su lógica y la ciencia

Vicente Palomera

Al inventar el psicoanálisis, Freud fundó una profesión de la que vive un número apreciable de practicantes debidamente licenciados. Su seguridad descansa en parte en el éxito cultural del psicoanálisis, que suscita curiosidad, y en el ambiguo cobijo que le ofrece la medicina. Pero esta seguridad emana de la robustez del procedimiento freudiano. Nunca sorprenderá lo suficiente que baste con acostar a un ser hablante que sufre proponiéndole asociar libremente para que ame a su psicoanalista, le preste confianza y vea aliviarse sus síntomas hasta desaparecer tras un tiempo más o menos prolongado. En esto radica el hecho de que el psicoanálisis sea freudiano. Lacan señaló que el descubrimiento del inconsciente está ligado a la existencia de la ciencia. La pregunta que se plantea es ¿por qué el psicoanálisis siendo hijo de la ciencia no se iguala a esta? El psicoanálisis es antes que nada un tratamiento del sujeto que sufre. No es una ciencia si se parte de que esta elabora y construye un saber que se demuestra, transmisible, en cuyo campo la experimentación es reiterable, es decir, elabora un saber “universalizable”.

El psicoanálisis está en oposición radical a la experimentación por el hecho de ser una práctica que acoge las demandas de quienes sufren de lo que llaman sus síntomas, lo cual motiva que no se dedique a nada “universalizable”.Se aboca a la queja, es decir a lo más peculiar del sujeto, queja que se trata de elaborar. También en el psicoanálisis hay una elaboración, pero, a diferencia del ideal de la ciencia, es de lo más peculiar del sujeto. Quien pide un psicoanálisis es alguien que sufre un síntoma y tiene la impresión de que no saca de su vida lo que tiene derecho a esperar. Por ello el que hace un psicoanálisis se ve llamado a convocar lo más íntimo, su verdad, pero la encuentra en una experiencia que es una prueba singular distinta del carácter reiterable de la experimentación científica. El psicoanálisis es una experiencia, no una experimentación. Si la ciencia puede ser un saber universal se debe a que excluye la peculiaridad del sujeto.

Uno tiene que usar la moneda del país por el que viaja. Pensar que podemos hacer la teoría del inconsciente “en directo” sería tan absurdo como la conocida historia de los ciegos de Voltaire, que discutían sobre los colores. No tenemos un sentido para percibir el inconsciente. Los psicoanalistas sólo podemos razonar sobre los datos de nuestra experiencia. Fenomenológicamente, ¿cómo abordamos la experiencia analítica? Lo primero es que el único medio de la operación analítica es la palabra, en el campo del lenguaje. El descubrimiento de Freud consistió en verificar, caso por caso, que el inconsciente tiene estructura de lenguaje. No se trata, pues, de percepción, sino de deducción lógica, ni tampoco de exactitud, sino de verdad. Toda la teoría psicoanalítica está situada entre el inconsciente como memoria y como elaboración por venir. El referente del psicoanálisis no son tanto las neurociencias como las “logociencias” (lógica, lingüística, matemática antropología…) En un análisis se trata de alcanzar el axioma que gobierna nuestra vida (la lógica del fantasma inconsciente) y pasar dicho saber al surco de la propia vida. Freud tenía una fe extraordinaria en la racionalidad lógica de lo real, si no, ¿cómo podría decirse cualquier cosa sin importar qué, al azar, siguiendo la regla de la asociación libre, suponiendo que una ley ignorada está operando? A la suposición de una ley ignorada le llamó “inconsciente”. Si la verdad que se pone en juego en cada análisis no excluye un lazo con la ciencia es debido a que la verdad tiene un vínculo con la estructura del lenguaje.

Probablemente no existe verdad universalizada; depende de la cultura. Un filósofo de la ciencia como Kuhn afirmaba que las revoluciones científicas muestran que no existe verdad universal. El inventor de la lógica paraconsistente, Newton da Costa, quien señala que se puede establecer una relación entre los sistemas lógicos no clásicos y la estructura del inconsciente, contaba en una entrevista lo siguiente: “Cuando voy a EE.UU. sé que no trataré de la lógica paraconsistente pues allí impera la fortaleza de la materia clásica; en la URSS hay verdadera pasión por la lógica paraconsistente debido a la dialéctica, a la contradicción. En China la lógica se enseña en los cursos primarios”. Parafraseando a Newton da Costa, espero que los ciudadanos de mi país tengan la posibilidad de tratar del psicoanálisis, aunque estemos dentro de la fortaleza de las neurociencias. Puede beneficiarse de ello no la salud mental, sino la sociedad civil. El psicoanálisis demuestra que la salud reside en la posibilidad de elegir.

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