El sujeto de la bioética y el sujeto del psicoanálisis[1]

por Araceli Teixidó

Cuando se habla  del sujeto de la ciencia, se habla de un sujeto que no existe como tal. La ciencia forcluye al sujeto, por tanto no se ocupa de él y es impotente para saber de él cuando retorna en lo real  – como los casos “resto”[2], como en la violencia en la consulta de los médicos o como en su propia angustia para la que se medican cada vez desde más temprano en su práctica[3] -. Sin embargo un grupo significativo de médicos hace un intento de  reintroducir al sujeto y para ello recurren a la bioética. No es el sujeto del psicoanálisis, se trata del sujeto de Kant.

I. Ética y cuerpo

Este punto se refiere a los presupuestos de quien interpreta al cuerpo de otro que le consulta. La referencia filosófica es Descartes.

Para entender la ética desde la perspectiva del psicoanálisis el problema del goce es la cuestión esencial. Se trata de ver que el cuerpo está afectado por el lenguaje – por el Otro y por lo que dice quien lo encarna, médico o psicoanalista -.

El cuerpo del que trata el psicoanálisis es un cuerpo vivo y por tanto nunca está acabado, se puede quizá conocer, saber algo de su relación con el significante y con el Otro. Es lo que hace el psicoanálisis. Pero cuando hay relación con el Otro siempre va a existir una apertura – correlativa al deseo y a la pulsión – que va a impedir que el cuerpo se cierre como un todo.

A pesar de que el cuerpo es lo que da consistencia a la experiencia de ser individual, no hay ninguna significación que lo capture por completo. Especialmente es sensible a la significación del Otro cuando está enfermo pero también cuando está enamorado, por ejemplo.

El único cuerpo cerrado, acabado, es el cadáver. Es un cuerpo al que el lenguaje no afecta. Para la medicina no hay sujeto porque el cuerpo del que trata es un cadáver[4] y si se considera vivo el modelo utilizado es la máquina[5].

El goce que se forcluye es el del paciente. Pero también es el del médico.

Del mismo modo que la lectura del cuerpo no se ve afectada por la subjetividad del paciente, al no estar afectada por el goce del cuerpo la razón del científico no tiene trabas y éste cree poder acceder al conocimiento de modo directo. Se trate del conocimiento del hombre o del conocimiento del mundo.

El pensamiento claro y distinto de Descartes lo es porque de lo que le perturba, de la pregunta por la verdad, se encarga Dios. El sujeto sabrá, recibe una promesa de saber.

En cambio, el sujeto del psicoanálisis es un sujeto afectado por el cuerpo, la razón es la del inconsciente, afecta del deseo del Otro. La pregunta por la verdad permanece abierta. El sujeto no sabe; la suposición de saber que dirige al psicoanalista también contiene una promesa de saber.

Saberes de distinto signo, el de la ciencia y el del psicoanálisis. El de la ciencia dirigido a un futuro infinito en el que los saberes se suman. El del psicoanálisis dirigido a la destitución del Sujeto supuesto Saber.

Al psicoanálisis por aceptar el límite en el saber se le puede acusar de impostor por la promesa que alimentó. ¿Por qué no es la ciencia la acusada cuando es allí donde se encuentra una promesa que jamás se podrá cumplir?

II. Ética y sujeto

Este apartado se centra en la toma de decisiones. Para abordar al sujeto autónomo la referencia es Kant.

Continuando el punto anterior: a pesar de no creerse afectados por el goce, los médicos se ven confrontados a elecciones y decisiones. El sujeto de la ética es el que se ve confrontado a una decisión.

En psicoanálisis hay elecciones y decisiones por parte del paciente que plantea su conflicto y que será acompañado por el analista; pero también del analista mismo cuando se trata del acto. El analista trata de permitir el encuentro del sujeto con su verdad y sus elecciones.

En el anterior paradigma de la medicina que se denomina paternalista, el médico tomaba una decisión y se hacía responsable del tratamiento y sus consecuencias. Actualmente el paciente-ciudadano también tiene derecho a decidir, tanto sobre su salud como sobre lo que debe hacer el médico. Para pensar sus elecciones y barajar los propios planteamientos con los del paciente, el médico recurre a la bioética. La dimensión del acto está excluida porque no se pone en juego el no saber.

A este nivel es posible que el médico se plantee su angustia. De hecho es un problema que se plantea actualmente en la bioética y para el que de momento no tiene respuesta[6]: ¿Como actuar sin angustia delante del conflicto ético que se plantea en determinadas intervenciones?

El deseo del analista permite operar sin que la angustia del analista intervenga. Pero para llegar a esta posición, primero hay que atravesar este afecto en el propio análisis.

III. Posible salida

¿Como orientarse a partir de estos planteamientos?

Puede ser útil la pregunta de Miller a Lacan y la respuesta de éste en el año 1964[7]. Miller: “Dos discursos, el discurso científico y el discurso del otro, o sea, el inconsciente…La ciencia se instaura por establecer con el inconsciente una relación de no-relación. Está desconectada. Pero no por ello desaparece el inconsciente y sus incidencias siguen repercutiendo en la ciencia”…

Lacan: …”podemos platear legítimamente la pregunta acerca del deseo que yace tras la ciencia moderna. … …¿cómo es posible esta desconexión? A esto sólo cabe responder a nivel de un deseo”.

Para pensar este fragmento en el ámbito que concierne a este trabajo, a nivel de la medicina no se puede esperar nada. La medicina no es más que un modo de conocimiento, una disciplina que tal como se plantea actualmente no contiene en si misma elementos que permitan tratar al sujeto. El sujeto en la ciencia está forcluido. Sin embargo en algún lugar hay un sujeto y lo reconocemos por su angustia. Es de éste del que se puede esperar una respuesta, una responsabilidad sobre su deseo: es al científico, al médico.

Habrá que ir viendo, médico a médico, si están dispuestos a poner en juego algo de su deseo para operar de otro modo. Si va a consentir al inconsciente. A su propio inconsciente.

Quizás entonces se podría pasar del principio de autonomía – uno de los cuatro principios que organiza la bioética y que supone al paciente la capacidad de decidir autónomamente, sin intervención del goce, sobre los tratamientos que se le proponen – pasar a lo podríamos llamar principio de dependencia. Este principio convertiría la interlocución en un compromiso ético que se podría construir a partir de lo que el psicoanálisis permite saber a cada sujeto.


[1] Este trabajo tiene su raíz en las elaboraciones en curso en el cártel “La bioética y la ética en psicoanálisis” inscrito en la ELP.

[2] A los que se refería Erik González en la reunión del Laboratorio el 14 de mayo en Barcelona.

[3] Así lo afirma el estudio que el Dr. Xavier Blancafort de la Fundación Galatea llevó a cabo en 2008 según se recoge en el periódico “Metro” del 18 de noviembre de 2008.

[4] Lacan, J. “Psicoanálisis y medicina” en Intervenciones y textos 1 Pág.88 cita a la clínica médica a partir del anatomopatólogo del s. XVIII. Bichat que estudia el cuerpo a partir de autopsias.

[5] Canguilhem, G. “La santé: concept vulgaire et question philosophique” en Ëcrits sur la Médicine Ed. Seuil. En este texto, el autor cita en varios momentos a Descartes y su concepto mecanicista de cuerpo.

[6] Así lo planteó el Dr. Diego Gracia, catedrático de Historia de la Medicina de la U. Complutense el pasado 2 de marzo en una Jornada sobre “La crisis y los valores en medicina” que tuvo lugar en la Casa de Convalecencia de Barcelona.

[7] Lacan, J. Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.

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