Reflexiones acerca del lugar del goce en la ciencia

por Araceli Teixidó

En relación a su excomunión, Lacan empezó su Seminario 11 introduciendo la pregunta por el psicoanálisis, planteando  que no se trataba sino de modos distintos de abordar este modo de conocimiento. Por tanto, en un momento de crisis institucional y personal Lacan decidió retomar los conceptos y fijar algunos anclajes.

Lacan, al psicoanálisis que enseñaba lo medía con la ciencia. Y para pensar en la aproximación entre ambos, tomó la alquimia que exigía la pureza del alma del operador, por lo que introduce que entre ciencia y psicoanálisis si hay algo a discernir, se trata del alma, del deseo.

Acerca del deseo del analista, se puede leer este seminario de Lacan como su interpretación de los deseos de dos hombres: Freud y Descartes. Hombres que dieron paso a dos modos de conocimiento.

Ciencia y psicoanálisis abordan realidades distintas

Atendiendo al texto de Freud “Formulaciones acerca de los dos principios del acontecer psíquico” se puede trazar una división de la realidad alrededor del goce: por un lado, la realidad exterior al sujeto, representación desexualizada; por otro, la realidad psíquica que quedará vinculada a la pulsión. En la frontera una hiancia que no es un límite territorial neto: el inconsciente y la pulsión conforman un espacio vacío que el analista asume sobre si con su presencia donde cualquier otro investigador se sustrae.

Qué el título del presente trabajo no lleve a engaño: como se puede deducir de la anterior división, en la ciencia el goce no está incluido en ningún lugar. Pero esto significa que el goce está excluido de las posibilidades de abordaje de este modo de conocimiento: por tanto no están autorizados a hablar del goce; hay que poder decir que el goce no puede ser explicado por la ciencia. Por otro lado que ella no pueda tratar el goce no implica que el psicoanálisis no pueda indicar por qué lugares circula y cómo se detecta su presencia.

Ciencias formales, ciencias experimentales y falsa ciencia

En Le Parlement de Lyon, me interesaron particularmente dos intervenciones de J.L. Gault, primero que en ciencia los criterios de cientificidad son más difíciles de aplicar cuando aparece la vida. Ciencia pura, las ciencias formales: las  matemáticas primero, la física en segundo lugar, pero al llegar a la química, donde algo de lo orgánico puede jugarse, ya empieza a ser difícil tal pureza. Se podría formular que algo de lo real hace obstáculo a los criterios de cientificidad.

Después dijo, más o menos, que en medicina se lucha contra toda clase de manifestaciones del goce. En la medida en que se alinea con la ciencia, para el médico deviene imposible tratar el goce, porque la ciencia lo forcluye. Los científicos desconocen – es imposible conocerlo desde la ciencia – que los sujetos que consultan en medicina lo hace afectados por el goce y empujados por el mismo a consultar. La impotencia de sus instrumentos para operar con él lleva a algunos a descalificarlo. Así el premio Nóbel de medicina en 1996, Rolf Zinkernagel, pudo afirmar: “el mayor problema sanitario es la estupidez  humana”…”Si comemos adecuadamente, no fumamos, controlamos el alcohol y hacemos ejercicio podemos evitar un 60% de las enfermedades que padecemos antes de los 60 años. Pero no lo hacemos”.[1]

¿Qué puede decir el psicoanálisis?

Creo que lo peor es cuando una disciplina no científica se alinea con la ciencia porque allí la forclusión del goce no es operativa.

De hecho a Lacan le interesaba la ciencia formal y por ello pensó el matema como un vehículo de transmisión que fuera científico. Hay dos preguntas que me acompañan hace unos años, promovidas por el Taller de Estudios del Matema Analítico, TEMA, que Miquel Bassols e Iván Ruiz realizaron en la SCB y al que asistí en el curso 2007-08.

–       ¿Es posible la transmisión del matema sin transferencia?

–       Pero también ¿es posible la transmisión de la ciencia sin transferencia?

Así el capítulo V de la tesis   “El deseo del analista: transferencia y pulsión”[2] aborda la cuestión del goce como punto de articulación – o también de desanudamiento, según como se mire – entre psicoanálisis y ciencia. En el capítulo anterior de la tesis se intentó mostrar la operación según la cual Descartes conseguía deshacerse del goce en la ciencia: dios. De aquello que no se puede saber se hace cargo dios. En el capítulo quinto la pregunta inicial es ¿se puede eliminar el goce en la ciencia? Y la respuesta sugerida es que no. La cuestión ahora sería ¿Dónde localizar entonces el lugar del goce en la ciencia? Propuesta: en primer lugar hay que distinguir a la ciencia de la falsa ciencia.

En la verdadera ciencia: en su presentación en Lyon, Ansermet, sugirió que el goce se ubica en el proceso de creación científica. Añadiría que en la transferencia. Para creer en la fórmula de la gravitación universal, de momento hay que creer.

En la falsa ciencia ¿se localizaría en el retorno de lo forcluido? En medicina por ejemplo se podría pensar en los fenómenos de violencia contra los médicos. La medicina se beneficia de la ciencia y olvida su dimensión de arte y la función de intérprete del médico quedando alienada a la lógica de forclusión científica.

Creación, transmisión, retorno de lo reprimido: lugares que quedan por fuera de las posibilidades del conocimiento científico. ¿Significa esto que el psicoanalista podría decir algo de ello? Por supuesto ¿Significa que el saber del psicoanálisis completaría al de la ciencia? No. En el texto se intenta demostrar que en todo caso el deseo del analista permite dar la vuelta a un lugar hiante para abordar con sus herramientas otro modo de conocimiento.

El Otro en el psicoanálisis y el Otro en la ciencia

Si se toma el Otro (A) como lugar donde el sujeto puede localizar el goce junto a la significación de su ser, el objeto que uno cree ser para el otro y que le da identidad, la operación del deseo del analista consistiría en renunciar al propio goce – barrando al A – para permitir al analizante la formalización del deseo que conforma su modo de gozar. Lo no sabido se refiere al goce que remite a un saber inconsciente a construir. La incertidumbre recae sobre la conciencia. El analista ocupa el lugar de lo no sabido posible de saber.

En el caso de Descartes, hay certeza en el ser que se identifica al pensamiento y lo no sabido se refiere a la ley del universo físico. La incertidumbre se localiza en la percepción de los datos a manejar. Para resolver el impase acerca de la certeza de la percepción,  imputa a dios el deseo de una percepción pura, es decir un deseo de no engañar que asegura que los datos que él sabe completos, el hombre los irá leyendo poco a poco pero certeramente. En el horizonte la posibilidad de saberlo todo. Se forcluye lo imposible, puesto que dios no lleva sobre si la barra que le convertiría en Otro incompleto.

En los dos casos lo que se persigue es que el goce del investigador no intervenga en lo investigado: en el caso de la ciencia, que no haya elección en la percepción;  para el psicoanalista de la orientación lacaniana, que no se aporte significado a los dichos del paciente.

De este modo, el Otro pierde sustancia a favor del a como verdad íntima del sujeto en psicoanálisis; en cambio en el caso de la ciencia hay que creer en dios, en una verdad por fuera del sujeto que lo destituye de la posibilidad de saber del goce.

¿Cómo permitir el acceso a este otro saber? Debe haber una manera, puesto que los que estamos aquí reunidos no descreemos de la ciencia por el hecho de saber de nuestro goce, de la impureza de nuestra percepción y de lo limitado de cualquier modo de saber. Será un modo “no para todos”, ¿el psicoanálisis debe renunciar a la popularidad de las masas para operar? ¿La Universidad Popular Jacques Lacan no será popular? Quizá no hace falta descreer de lo popular para saber que siempre será uno por uno.

El ser hablante está condenado a lidiar con el goce. En línea con los comentarios de  Javier Peteiro cuando aludía al trabajo de Guy Briole,  podemos recoger el comentario de Clotilde Leguil[3] cuando señaló que para la ética de las neurociencias el factor humano es algo que entorpece y por lo tanto, a eliminar. Para nosotros se trata de rescatar la dignidad de su parcialidad y de señalar por ejemplo que si Descartes inventó, fue porque su goce lo trataba en parte estando solo, cerca de la estufa, pensando.


[1] Según una nota publicada en El País el 7 de octubre de 2003

[2] A. Teixidó El deseo del analista: transferencia y pulsión dirigida por Vicente Palomera. Tesis para el DEA del Instituto del Campo Freudiano que será defendida en el primer trimestre del presente año

[3] LNÂ num.8

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2 Respuestas a “Reflexiones acerca del lugar del goce en la ciencia

  1. Lo que tengo muy claro es que la ciencia como el psicoanálisis habría de hacer digno el sujeto, digna la subjetividad del sujeto.
    Eso sería tratar al paciente, al ser humano de uno en uno, sin semblantes normativizadores que no son sino deshumanización de las personas, hablar por el goce sin alma sin deseo y sobre todo sin amor.

    Un saludo de Vicent.

    • Araceli Teixidó

      “El amor permite al goce condescender al deseo” según Lacan.
      Corresponde al científico no alienarse a los límites de su disciplina y dar lugar al sujeto que su disciplina no puede acoger.
      Puede hacerlo, quizá por amor.

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