Del enigma del saber al conocimiento como reducción

por Silvia Grases

“El hombre de ciencia, ya sea teórico o experimental, propone enunciados
–o sistemas de enunciados- y los contrasta paso a paso”
Kart R. Popper, La lógica de la investigación científica (1934)

“No hay ciencia del hombre, porque el hombre de la ciencia no existe,
sino únicamente su sujeto”
Jacques Lacan, La ciencia y la verdad (1965)

Presentación

Este texto tiene su origen en una pregunta sobre los modos de conocimiento. Es una pregunta que conecto con una premisa psicoanalítica: la esencia humana implica la pregunta por la existencia, la propia y la del mundo. Es un interrogante con el que cada ser humano se encuentra; la manera cómo se relacione con él definirá su propia existencia, su manera de estar en el mundo.

Así, el encuentro con el interrogante de la vida es lo que se sitúa, en última instancia, como origen de las elecciones de cada ser humano: nuestra respuesta está en íntima relación con la decisión de convertirnos en psicoanalistas, o en artistas, o en científicos, o en cientificistas…

Es en este sentido que leo, por ejemplo, las palabras que pronunció Joan Manuel Serrat cuando, en marzo de 2006, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid:

“Me complace que hayan valorado ustedes esta parcela de la poesía que es la canción popular, que, además de algunas otras cosas, es una forma de acceder al conocimiento del mundo.

Les puedo jurar que en la composición y en la ejecución de algunas canciones populares hay hallazgos tan definitivos como el teorema de Pitágoras o las virtudes del ácido acetilsalicílico para combatir la cefalea”[1].

Entonces, es la pregunta sobre la existencia, pero sobre todo, las diferentes maneras de enfrentar esta pregunta, la que ha dado lugar a diferentes campos de saber y modos de conocimiento. En el arte, por ejemplo, el conocimiento se obtiene de la experiencia sensible, mientras que en la ciencia moderna se obtiene del dato empírico, a través de la aplicación del método científico.

Ahora bien, ¿qué tipo de saber o conocimiento, qué producto se obtiene en estos diferentes abordajes? Si partimos de la premisa de que los modos de conocimiento están en íntima relación con la posición del sujeto ante el enigma de la existencia, hay que tomar en cuenta dicha posición en relación con el producto y los posibles efectos. En Subversión del sujeto, Lacan sitúa, frente al sujeto dividido del psicoanálisis, al sujeto absoluto de Hegel, del que dice que es un sujeto “acabado en su identidad consigo mismo” [2], y al “sujeto abolido de la ciencia”, con el que designa un rechazo de todo saber, que provoca un “regreso de la verdad al campo de la ciencia” [3] en la forma de retorno de lo reprimido.

Sobre el científico, Lacan nos dice “el sabio que hace la ciencia es sin duda un sujeto él también (…) ahora bien, ese sujeto que debe saber lo que hace, o por lo menos es lo que se supone, no sabe lo que de hecho en los efectos de la ciencia interesa ya a todo el mundo” [4].

El abordaje científico

La cuestión del acceso al conocimiento plantea ya desde su inicio el problema de determinar qué es conocimiento y qué no, o bien, cómo establecer si una opinión o una creencia es o no conocimiento verdadero. Es el planteamiento que encontramos ya en el diálogo platónico del Teeteto [5], que trata sobre la naturaleza de la episteme [ἐπιστήμη]. La episteme se ha traducido por saber, conocimiento, ciencia. Pero, ¿qué objeto es?

En La lógica de la investigación científica (1934), Karl R. Popper declara a la filosofía incapaz de proponer auténticos problemas[6]. En su Prefacio a la edición inglesa, en 1958, Popper se reafirma en las opiniones vertidas en 1934 y explicita su actitud en relación específicamente a la filosofía lingüística y la escuela de analistas del lenguaje: “reconozco que entender las funciones de nuestro lenguaje es una parte importante de esta [empresa, la de entender el mundo], pero no lo es acabar con nuestros problemas presentándolos como meros “rompecabezas” lingüísticos[7]. Y propone que “el problema central de la epistemología ha sido siempre, y sigue siéndolo, el aumento del conocimiento. Y el mejor modo de estudiar el aumento del conocimiento es estudiar el del conocimiento científico”[8], a lo que añade: “no pienso que el estudio del conocimiento pueda reemplazarse por el estudio de los usos lingüísticos[9].

Popper se desmarca asimismo de los empiristas positivistas[10] por su uso del método de la inducción, que conduce a incoherencias, pero, sobre todo, porque “no proporciona un rasgo discriminador apropiado del carácter empírico, no metafísico, de un sistema teórico[11]. Además, Popper critica a los positivistas que “en sus ansias de aniquilar la metafísica, aniquilan juntamente con ella la ciencia natural. Pues tampoco las leyes científicas pueden reducirse lógicamente a enunciados elementales de experiencia”. Por su parte, considera que “no he de ocuparme en derribar la metafísica, sino, en vez de semejante cosa, en formular una caracterización apropiada de la ciencia empírica[12].

Para ello propone el deductivismo o método deductivo de contrastar. De lo que se trata es de separar la ciencia de la metafísica, y para ello adopta el principio de falsabilidad. Se trata de distinguir dos tipos de enunciados, ambos dotados de sentido, los falsables y los no falsables[13]. Queda claro que, sobre el sentido, la ciencia no tiene nada que decir.

Sin embargo, el método de Popper lo lleva a una ciencia de conjeturas[14], pues el requisito constante para que un enunciado sea aceptado como científico es que pueda ser refutable. Como él mismo dice, “no puede haber enunciados últimos en la ciencia[15], puesto que no es admisible que existan enunciados últimos, es decir, no susceptibles de contrastación, y por tanto, no refutables.

Conocimiento y saber

En La ciencia y la verdad, Lacan afirma que el cogito de Descartes es el correlato, como momento, del “desfiladero de un rechazo de todo saber, pero por ello pretende fundar para el sujeto cierta atadura en el ser, que para nosotros constituye el sujeto de la ciencia”[16].

En este texto insiste en que es este sujeto de la ciencia sobre el que opera el psicoanálisis, aunque pueda parecer, nos dice, una paradoja[17].

¿Cómo hemos de entender esto? El cogito de Descartes inaugura un sujeto que nace en virtud de un rechazo de todo saber anterior. Ahí se opera una reducción del saber a conocimiento. Descartes duda de todo el saber acumulado por la tradición, solo encuentra certeza en el “yo pienso[18]. De ahí que Lacan, siguiendo a Koyré, localice en el cogito una discontinuidad radical que inaugura un sujeto caracterizado por el rechazo de todo saber, y que afirme, además, que ese sujeto es el sujeto del psicoanálisis. Este punto es importante porque lo que vemos en La ciencia y la verdad es que Lacan, para situar el estatuto del psicoanálisis, se interesa más por el sujeto que por el objeto. Porque es con el nacimiento del sujeto de la ciencia que nace también el psicoanálisis.

De ahí en adelante, el saber en la ciencia ya no es saber en stricto sensu, sino conocimiento. En la ciencia, dice Lacan, el saber se comunica[19], y lo hace por “la forma lógica dada a ese saber[20], que consiste en una reducción que sutura al sujeto. Si la ciencia encuentra una manera de hacer transmisible el saber es porque lo separa de la verdad. Por eso mismo ya no es saber. Al mismo tiempo, Lacan sitúa ahí el primer problema de la comunicación en psicoanálisis[21].

Lo podemos ver en Popper. Popper es un apasionado de la demarcación[22]. En realidad, la demarcación llega a constituir la epistemología misma para Popper, en una operación de reducción a través de la falsación. Es una operación en la que de nuevo se cumple un rechazo de todo saber.

Popper quiere “distinguir netamente entre ciencia objetiva, por una parte y “nuestro conocimiento” por otra[23]. “Nuestro conocimiento, que cabe describir vagamente como un sistema de disposiciones, y que tal vez sea materia de estudio de la psicología, puede estar unido a sentimientos de creencia o de convicción (…) Pero todo esto interesa solamente al psicólogo: no roza no siquiera los únicos problemas que interesan al epistemólogo, como son las conexiones lógicas existentes entre los enunciados científicos” [24]. Y especifica que la objetividad de los enunciados científicos descansa en el hecho de que pueden contrastarse intersubjetivamente[25], es decir, por cualquier persona.

Pero para realizar esta contrastación, hay que prescindir del lenguaje “ordinario”, porque el lenguaje es equívoco. En relación a la cuestión de cómo debería ser el lenguaje científico existe todo un debate en torno a la posibilidad de construcción de un metalenguaje. No voy a desarrollar esta cuestión en este trabajo, pero sí nos interesa recordar aquí que para el psicoanálisis el saber está vinculado al lenguaje, el saber surge en la articulación entre significantes. Y que no existe una realidad externa al lenguaje, pues como dice Lacan, “el mundo está construido con el lenguaje (…). No es solamente que la lengua forma parte de su mundo, es que sostiene su mundo de punta a punta[26].

Entonces, en la medida en que el saber se hace transmisible, es porque es vaciado de significado y esta reducción constituye el conocimiento. Ello a costa de renunciar al vínculo con el lenguaje, que incluye el equívoco, la pregunta por lo que quiere decir, por el sentido. Por eso J.-A. Miller dice que la ciencia se instituyó operando una disyunción entre el sentido y lo real, lo que es opuesto al psicoanálisis, que basa su práctica en la suposición de sentido en lo real, en el inconsciente, en el síntoma. Para la ciencia, el saber es simplemente lo que no deja de escribirse en lo real, pero no significa nada[27].

Esta reducción se opera en la frontera entre saber y verdad. El conocimiento es un saber desconectado de la verdad, y es por eso que ya no es saber, pues el saber está siempre en relación a la verdad, aunque, eso sí, en una relación muy particular, pues está a la vez unido y separado de ella, en la forma topológica de la banda de Moebius, tal como Lacan lo explicita[28].

“Tú puedes saber” versus “Sapere Aude!”

Para concluir, y en relación con lo que acabo de desarrollar respecto al saber, el conocimiento y la posición del sujeto, un breve apunte que creo que puede orientarnos en nuestro trabajo de construcción de la UPJL.

Quiero referirme al “sapere aude!” latino, retomado por Kant. “Sapere aude!” quiere decir “¡atrévete a saber!”. Kant lo usa en su obra En defensa de la Ilustración para definir la Ilustración como salida del hombre de su culpable minoría de edad, siendo esta minoría de edad la imposibilidad de servirse del propio entendimiento, debido a la falta de valor del sujeto que lo hace depender de la guía del otro. Es interesante porque con el “sapere aude!” Kant denuncia un no querer saber del sujeto, una posición del sujeto de rechazo del saber, y en este sentido podemos traer a escena el “no quiero saber nada de eso”[29] que Lacan enuncia al inicio del Seminario 20, Aún.

Pero el “sapere aude!” kantiano alude al propio entendimiento, toma la forma de un imperativo que insta a atreverse a pensar, mientras que lo que Lacan constata en Aún con el “no quiero saber nada de eso” es que no se trata de entendimiento, sino de la posición de goce del sujeto.

Por eso Lacan dice que no puede estar ahí, como enseñante, “sino en la posición de analizante de mi no quiero saber nada de eso”[30], y es por ello que afirma que “no hay ningún impase entre mi posición de analista y lo que aquí hago”[31].

Y también es por eso que, frente a la constatación del goce, Lacan propone una fórmula, Scilicet (puedes saber), que remite a una posibilidad en la que lo que se pone en juego es el propio deseo del sujeto. Invita a una toma de responsabilidad. Mientras el “sapere aude!” de Kant toma la forma de un imperativo, el “tú puedes saber” lacaniano convoca al sujeto.

Referencias consultadas:

Alexandre Koyré (1948), Pensar la ciencia, Paidós – ICE de la Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona 1994.

Gabriel Lombardi, La demarcación freudiana entre psicoanálisis y ciencia. http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=931

Fernando Schutt, La Ciencia y el psicoanálisis: El sujeto y la reducción. Consecuencias (revista digital de psicoanálisis, arte y pensamiento), edición nº 5, diciembre de 2010. http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/005/template.asp?arts/derivaciones/La-Ciencia-y-el-psicoanalisis-El-sujeto-y-la-reduccion.html

Mauricio Tarrab, En el cartel se puede obtener un camello. http://www.wapol.org/es/las_escuelas/TemplateImpresion.asp?intPublicacion=10&intEdicion=3&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=296&intIdiomaArticulo=1#notas#notas


[2] Jacques Lacan (1960), “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, en Escritos, tomo 2, Siglo XXI editores, México 2001, pág. 778.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd, págs. 773-774.

[5] Platon, “Teeteto o sobre la ciencia”. “En él se ensayan tres definiciones: el saber es percepción (151d – 186e); el saber es opinión verdadera (187a – 201c), el saber es opinión verdadera acompañada de una explicación (201c – 210b). Sócrates termina por reconocer que ninguna de las tres definiciones es adecuada, lo que le da al diálogo su carácter aporético, es decir, que no resuelve el problema que lo suscitó.” En http://es.wikipedia.org/wiki/Teeteto_(di%C3%A1logo)

[6] “acerca de cosas”, matiza Popper, en alusión a la cita de Kant que incluye en el mismo prefacio de 1934, donde  afirma “siempre que una disputa se ha desencadenado durante cierto tiempo, especialmente en filosofía, en el fondo no se trataba nunca de un mero problema acerca de palabras, sino de un auténtico problema acerca de cosas”. Popper considera que “las discusiones filosóficas” no son sino “deprimentes monólogos”, Karl R. Popper (1934 – [1935]), La lógica de la investigación científica, Tecnos, Madrid 1962, pág. 14.

[7] Ibid, pág. 16.

[8] Ibid, pág. 16.

[9] Ibid, pág. 16-17.

[10] Ibid, pág. 34.

[11] Ibid.

[12] Ibid, pág. 37. Popper añade que “si miramos el asunto desde un ángulo psicológico, me siento inclinado a pensar que la investigación científica es imposible sin fe en algunas ideas de una índole puramente especulativa (y, a veces, sumamente brumosas): fe desprovista enteramente de garantías desde el punto de vista de la ciencia, y que –en esta misma medida– es “metafísica””.

[13] Ibid, pág. 40, nota *3.

[14] Como dice J.-A. Miller en El psicoanálisis, su lugar entre las ciencias, “para Karl Popper la historia de la ciencia es un continuum de conjeturas”. https://psicoanalisisyciencia.wordpress.com/documentos/el-psicoanalisis-su-lugar-entre-las-ciencias/. Popper intenta salirse de este problema aduciendo que “no pido que sea preciso haber contrastado realmente todo enunciado científico antes de aceptarlo: sólo requiero que cada uno de estos enunciados sea susceptible de contrastación”. Karl R. Popper, La lógica de la investigación científica, op. cit., pág. 47.

[15] Ibid, pág. 46.

[16] Jacques Lacan (1965), “La ciencia y la verdad”, en Escritos, tomo 2, op. cit, pág. 835.

[17] Ibíd. pág. 837: “Decir que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la cienca puede parecer paradoja”.

[18] La cuestión del cogito cartesiano precisa un desarrollo específico que yo no me he planteado aquí. En lo que se refiere a este trabajo, he tomado el cogito para ubicar el rechazo de todo saber anterior –fuente de duda e incerteza para Descartes– como posición del sujeto en su “yo pienso”, a partir de la frase de Lacan citada en el inicio de este apartado (nota 16).

[19] Lacan, La ciencia y la verdad, op. cit., pág. 855.

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.

[22] Karl R. Popper, Conjeturas y refutaciones: el desarrollo del conocimiento científico, pág. 65: “Personalmente, nunca estuve interesado en el llamado problema del significado; por el contrario, siempre me pareció un problema verbal, un típico pseudo-problema. Sólo estaba interesado en el problema de la demarcación, es decir, el de hallar un criterio para establecer el carácter científico de las teorías”.

[23] Karl R. Popper, La lógica de la investigación científica, op.cit., pág. 93.

[24] Ibid, pág. 94.

[25] Ibid, pág. 43.

[26] Jacques Lacan, Del discurso psicoanalítico, conferencia en Milán, 1972.

[27] J.-A. Miller, El Otro que no existe y sus comités de ética. Paidós. Buenos Aires 2005, pág. 248.

[28] Jacques Lacan, La ciencia y la verdad, op. cit., pag. 835.

[29] Jacques Lacan (1972-73), Aún, El Seminario libro 20. Paidós. Buenos Aires 1989, pág. 9.

[30] Ibid.

[31] Ibid. págs. 9-10.

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