Cuando hay sujeto en el científico

por Leonora Troianovski

Estos días tuvo lugar una Jornada de debate sobre neurociencias y psicoanálisis. En la jornada estuvo presente el estamento político, así como profesionales de diversas disciplinas del campo de la salud mental. La Jornada se desarrolló a partir de la pregunta sobre el lugar a ocupar por lo psi en el campo de las prácticas, en función de su relación con las disciplinas que representan el discurso científico actual.

En un primer nivel, encontramos el discurso del amo, representado por el encargo político del consenso entre los técnicos, al servicio de la elaboración de protocolos y guías clínicas, con las que responder a las necesidades de las personas con problemas de salud mental. Aquí no hay debate epistémico sino un “no quiero saber cómo, pero que funcione”…

En un segundo nivel aparece el debate epistémico, aunque también político, en el que se plantea la tensión entre lo “psi” y lo “científico”. En este nivel encontramos varias propuestas, la integración de lo psi en lo bio-médico, la insistencia en mantenerse en la serie de lo bio-psico-social, actualmente en baja, y la propuesta de Ansermet, de la transmisión a las neurociencias de conceptos psicoanalíticos.

Aparece entonces la pregunta de qué ha hecho posible este diálogo entre neurociencias y psicoanálisis, sostenido y promovido por Ansermet y Magistretti. Diálogo fecundo que se ha concretado ya en diversas publicaciones –con un reciente libro a punto de editarse- y  conferencias, dando cuenta de una producción epistémica  novedosa, en la que las neurociencias incorporarían en sus preceptos algunos elementos del psicoanálisis dando un lugar a la dimensión subjetiva.

Una de las tesis que planeta Ansermet es que el ser hablante está determinado biológicamente para recibir la incidencia de la contingencia.

Se trata de un programa biológico abierto a la sorpresa, a inscribir lo nuevo, la diferencia. Se trata de una especie preparada biológicamente para dar lugar a lo singular frente a la determinación que supone un individuo orientado exclusivamente por el programa del instinto, común en cada especie…

¿Qué ha permitido este diálogo entre neurociencias y psicoanálisis? La elaboración, la transmisión de Ansermet y Magistretti son, ellas mismas, el resultado de un encuentro, de una contingencia no cualquiera. Un encuentro en el que lo singular se ha podido jugar, donde algo de la dimensión subjetiva del científico ha sido alcanzada.

Según cuentan, en un debate en el que se encontraban los dos, el psicoanalista preguntó al científico ¿Pero qué es una experiencia? Al parecer esta pregunta tuvo para el científico un efecto de pregunta verdadera, ¡no sabía!

Desde el psicoanálisis sabemos que no basta un estímulo para que ello se constituya en experiencia. Se trata de una elección, una elección que no es índice de voluntad sino de singularidad y que abre paso a la dimensión  subjetiva.

Sin duda, habrá que leer atentamente el libro de Ansermet y Magistretti, quienes nos ofrecen valiosos elementos para pensar el lugar del psicoanálisis en el siglo XXI y su vinculación con el discurso científico contemporáneo.

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