Sobre el cogito cartesiano

por Eduard Fernández

Descartes contrapone los grandes avances en matemáticas al estancamiento en el que se encuentra la filosofía de su época.  Se pregunta entonces por la razón de este hecho y llega a la conclusión que le falta un método que le proporcione ideas evidentes donde sustentar el conocimiento. Esta evidencia, en el campo de la filosofía, nacerá de la duda metódica a partir de la cual intentará encontrar una certeza absoluta que sirva de fundamento sin posibilidad de error alguno.  Así pues, tal duda es un procedimiento epistemológico para llegar a una certeza.

En las Meditaciones Metafísicas, empieza dudando de los sentidos  puesto que son muchos los ejemplos que muestran que nos engañan (vemos los objetos lejanos pequeños cuando en realidad pueden llegar a ser de gran extensión, …). También se da cuenta de la imposibilidad de buscar una certeza en los datos  inmediatos de la conciencia puesto que, en ciertas ocasiones,  podemos tomar por verdaderos algunos que no son más que el fruto de los sueños o de las alucinaciones (como en el caso, como él dice, de los “locos”).

Así pues, una vez la duda metódica ha negado la posibilidad de buscar un fundamento seguro  ni en los sentidos ni en los datos inmediatos de la conciencia (con el resultante poner en entredicho al mundo exterior), sólo quedaría por analizar las verdades racionales de las matemáticas y demás ciencias. Es en este punto donde introduce la idea de la posible existencia de un “genio maligno” que haga que incluso  que los pensamientos más evidentes (es decir, claros y distintos) sean fruto también del engaño y del error.

Sin embargo, incluso dudando de todo e intuyendo que todo lo que sé puede ser el resultado de un engaño permanente, hay una certeza que no puedo destruir: “Cogito, ergo sum” o “Pienso, luego existo”. Incluso si todo lo pensado es falso, es necesario que yo en, cuanto sujeto pensante, exista.

En consecuencia, estamos ante un enunciado verdadero que vincula la existencia al pensamiento y al lenguaje puesto que esta proposición sólo es verdadera mientras sea enunciada.  Citando a Descartes, esta proposición solamente “es necesariamente verdad cada vez que la pronuncie o la conciba en mi espíritu”.

Así pues,  este es el “punto de Arquímedes” sobre el cual Descartes construye el conocimiento restante.  Aunque, inicialmente, sólo sé que existo y que existo como “cosa pensante”  (res cogitans). Nada más. Es decir, estamos con un S1 aislado y de ahí la necesidad de encontrar un S2  que haga cadena significante. De lo contrario, permaneceríamos únicamente anclados en un saber incapaz de abarcar nada más que la instantaneidad de la enunciación “Pienso, luego existo”.

Este S2 será para Descartes Dios que, en su perfección absoluta, es imposible que nos engañe. Pero para poder avanzar en este punto es necesario demostrar su existencia. Para ello, el filósofo francés  recurre a dos razonamientos. En primer lugar,  es imposible que en tanto sujeto que duda e imperfecto pueda ser él mismo la causa de la idea de perfección que, sin embargo, tiene. El efecto no puede ser superior a la causa y, por lo tanto, ésta última debe responder a un ser perfecto exterior al sujeto (Dios). El segundo razonamiento parte del argumento ontológico de San Anselmo. La misma idea de un ser perfecto implica su existencia ya que sin ella lo sería en menor grado.

Una vez encontrado un S1 libre de todo error (“Pienso, luego existo”) y un S2 que garantiza un posible saber, Descartes ya puede reconstruir de nuevo el edificio del conocimiento.

Explicar la manera en que lo hace sobrepasa el objetivo de este trabajo pero con lo ya comentado podemos entender el porqué Lacan considera que el cogito cartesiano es la formulación epistemológica de las transformaciones del sujeto a raíz de la aparición del discurso de la ciencia (La ciencia y la verdad, 1965)

Se observa como  el “Pienso, luego existo” implica un saber que va desligado de lo que tradicionalmente se entendía por sujeto (con sus representaciones, su pasiones, sus miedos, sus deseos…). Es un sujeto sin atributos, un sujeto que sólo aparece cada vez que enuncio esa proposición pero vaciado de todo contenido. De ahí la afirmación de que el cogito libera del sujeto a la ciencia. Anteriormente, el conocimiento implicaba a todo un sujeto y en algunos casos, como en la alquimia, los transformaba. Hoy en día puedo abrir una enciclopedia y acceder a los secretos de la física o las matemáticas sin que por ello haya ningún cambio en mi posición subjetiva porque ésta no interviene a la hora de adquirir estos conocimientos más allá de mi deseo por el saber.

Pero   el cogito cartesiano no sólo libera a la ciencia del sujeto sino que también instaura a un sujeto que se fundamenta en algo completamente nuevo. Ya no se trata del sujeto como causa de las representaciones sino de un sujeto que él mismo es causa del lenguaje y que se fundamenta en la palabra.    Aunando el pensamiento (“Pienso”) con el ser (“existo”) y afirmando su veracidad únicamente cada vez que la pronuncia pasamos de un sujeto que es la causa del lenguaje a un sujeto que es más bien su efecto.

Es justamente en este punto donde sitúo la afirmación lacaniana de que el psicoanálisis no podía haber aparecido antes de Descartes y  porqué el cogito cartesiano  es condición de posibilidad de éste último. Si desde el psicoanálisis tratamos al sujeto como efecto de la cadena significante (“un sujeto es aquello que representa un significante para   otro significante”) y no como causa de ésta última es porque Descartes abrió la vía explicada anteriormente fundando el cogito en el instante mismo del decir. La problemática del psicoanálisis será como reintroducir a este sujeto vaciado de todo contenido característico de la ciencia en un  saber que permita tratar y operar con él.

 

Bibliografia

Brousse, M.H (2004). Variations sur le cogito. En Des philosophes à l’envers. Paris: École de la cause freudienne.

Descartes, René (1637/2002). Discurs del mètode. Barcelona: Butxaca 62.

Descartes, René (1641/1992). Méditations métaphysiques. Paris: Flammarion.

Lacan, J. (1965/2001). La ciencia y la verdad. En Escritos. Buenos Aires, Barcelona, México: Siglo XXI editores.

 

 

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2 Respuestas a “Sobre el cogito cartesiano

  1. El otro día me entro la duda, al intentar formular la realidad entramos en un semblante, el de Descartes, mi realidad es mía y sólo mía, yo creo la realidad de lo que me envuelve, la duda se disipó cuando me di cuenta que no es la realidad de “Matrix” ni la de Descartes de la que estamos hablando cuando hablamos de Descartes y el psicoanálisis, sino de una realidad que va más allá del idealismo e incluso de la modernidad, una realidad no material e inefable, a pesar de que no es una ilusión, y la fe entra en ella formando el nudo borromeo en lo real.

    Saludos de Vicent.

  2. Jorge Fernández

    La fe, no pertenece a ningún nudo. Pero si la puedo demostrar, por lo tanto un análisis comparativo, con el cogito cartesiano o con el psicoanálisis son erróneos. De no ser, que
    se pueda demostrado con alguna teoría qué no conozco. Jorge.

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