“La psicosis paranoica y la personalidad son la misma cosa”

Acta  Reunión  Laboratorio  UPJL   13.1.12

Notas de Rosalba Zaidel sobre la intervención de Vicente Palomera

Empecemos por la cita completa: “La psicosis paranoica y la personalidad no tienen, como tal, relación porque son la misma cosa, –dice Lacan en el capítulo titulado “Del nudo como soporte del sujeto” p. 55–, y, luego agrega: “estas cosas son las cosas difíciles…”.

 

1.

Al decir «la paranoia, quiero decir la psicosis», Lacan dejó siempre claro que la psicosis era ante todo la paranoia. En el Seminario sobre El sínthoma, señala que lo específico de la estructura de la paranoia es la indistinción de lo real, lo simbólico y lo imaginario. Esas tres dimensiones se consubstancializan en el nudo de la personalidad. Lo que le preocupa a Lacan es la cuestión de saber si se puede reintroducir esta personalidad del paranoico en el nudo borromeo, siendo éste un modo de anudamiento en el que nos apoyamos como “ser-hablantes”, en la medida en que es necesario que existan al menos tres para que se anuden el hablar y ser, aunque la estructura exige un cuarto término –el que introduce el síntoma– que permita diferenciar los tres registros. La solución que Lacan propone de un anudamiento de tres personalidades paranoicas por medio de una cuarta –ésta neurótica– que hace función de síntoma para ellas, aporta un esclarecimiento nuevo, tanto sobre las psicosis paranoicas no desencadenadas como sobre las desencadenadas no delirantes.

(Al leer el Seminario 23 sobre el fondo de su práctica de presentaciones de enfermos vemos que Lacan empieza a pensar la psicosis bajo una nueva luz, como formas de anudamiento. Tenemos dos presentaciones que tienen lugar en el momento de este seminario en las que se plantea la cuestión de la esquizofrenia, en un caso, y de la parafrenia, en otro).

 

2. Pero, vayamos a 1932. Cuando Lacan escribe su tesis sobre La psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad elige la paranoia porque ésta se manifiesta como un desorden de la relación social. Lacan define los fenómenos de personalidad a partir de la biografía. La personalidad es la forma con la que el sujeto cuenta su historia y la siente afectivamente, es la autoconcepción del sujeto por sí mismo, el enunciado de sus imágenes ideales. En este sentido, la personalidad se caracteriza por la tensión de las relaciones sociales de las cuales ella es el asiento, es decir, por el valor representativo del que el sujeto se siente afectado frente al prójimo.  La paranoia es una parte consustancial del lazo social. Atemperada, unifica y da cierta estabilidad al yo. Esa paranoia forma parte relevante en la vida humana y su desarrollo, al acompañar como una sombra todo el esfuerzo de un ser viviente por construir una personalidad, es decir, por singularizarse dentro del anonimato social. Este drama subjetivo lo puso de relieve Paul Valéry al describir el mundo intelectual parisino en su obra Monsieur Teste, y Lacan lo recordará en una extensa nota en su tesis: “¿Imagináis el desorden incomparable que mantienen diez mil seres esencialmente singulares? Pensad en la temperatura que puede producir en ese lugar un número tan grande de amores propios  que en él se comparan. París encierra y combina, y consuma o consume a la mayor parte de los brillantes desgraciados a quienes sus destinos han llamado profesiones delirantes… Llamo así a esos oficios cuyo principal instrumento es la opinión que se tiene de sí mismo, y cuya materia prima es la opinión que de uno tienen los demás. Las personas que las ejercen, dedicadas a una eterna candidatura, siempre están necesariamente afligidas de cierto delirio de grandeza atravesado sin tregua por un cierto delirio de persecución. Entre ese pueblo de únicos reina la ley de hacer lo que nadie ha hecho jamás, y nadie hará jamás. Esa es, al menos, la ley de los mejores, es decir, de los que tienen el valor de querer claramente algo absurdo[1]. Finalmente, en un párrafo que halla su contrapunto en la figura de la bella alma hegeliana, Valéry concluye:”A veces me divierto con una imagen física de nuestros corazones, que están hechos íntimamente de una enorme injusticia y de una pequeñita justicia combinadas. Imagino que hay en cada uno de nosotros un átomo importante entre nuestros átomos, y constituido por dos gramos de energía que están queriendo separarse. Son energías contradictorias pero indivisibles. La naturaleza las ha juntado para siempre, a pesar de que son  furiosamente enemigas. Una de ellas es el eterno movimiento de un grueso electrón positivo, y este movimiento inagotable engendra una serie de sonidos graves en los cuales el oído interior distingue sin ningún trabajo una profunda frase monótona: No hay más que yo. No hay más que yo. No hay más que yo, yo,yo…En cuanto al pequeño electrón radicalmente negativo, grita en el extremo de lo agudo, y atraviesa y vuelve a atravesar de la manera más cruel el tema egoísta del otro: Si, pero hay fulano…Sí, pero hay fulano…Fulano,fulano,fulano. ¡Y mengano!…Pues el nombre cambia con bastante frecuencia”[2].

Una de las cosas más llamativas del relato de Valéry es la representación de esa especie de teatro interior, ese bla-bla entre los electrones, que nos enseña el modo en que el lenguaje entra en todo el asunto.

La personalidad es pues delirante. Un delirio es, en cierto modo, una acentuación de lo que cada uno lleva en sí (es el “deliryo”). Lacan presenta en su tesis la perspectiva de Kretschmer (y también de Kraepelin): la paranoia como continuidad con el desarrollo de la personalidad. Esta perspectiva se opone a otra que considera que hay fenómenos elementales, es decir, algo que señala, en la vida de un sujeto, el surgimiento de una discontinuidad, es decir, algo que no es un desarrollo continuo. Esta oposición se presenta en términos de psicogénesis versus organicistas. La tesis de Lacan permitía articular las dos cuestiones. Lacan aísla los momentos fecundos y los fenómenos elementales en una continuidad semántica.

 

3. Pero en 1975, en el Seminario 23, Lacan hará resonar el tema de la continuidad bajo una nueva luz que renueva las nociones de delirio y de personalidad. El sujeto se sostiene en el nudo en la continuidad de lo imaginario de lo simbólico y de lo real. Lacan dice que I, S y R “son una sola y la misma consistencia”: esto es la paranoia. Cada consistencia (I, S y R) podría anudarse a un cuarto término. Cada consistencia autoriza el viraje a la paranoia (o, al menos, ninguna de ellas hace obstáculo a la paranoia).

Consistencia imaginaria (I): es la paranoia originaria del sujeto en su relación al otro (estadio del espejo).

Consistencia simbólica (S): lo simbólico que, en principio, sería un modo de salir del impasse de lo imaginario, Lacan lo sitúa en relación a la paranoia: “Ello habla de él” (dentro o fuera del sujeto). (Ver: “Producir el sujeto” de J.-A. Miller).

Consistencia real (R): en lo real aparece un goce separado del Otro.  Siendo una propiedad del cuerpo viviente, el goce responde al régimen del Uno (Uno sin el Otro). El goce se presenta como inasimilable al sgte. Separado de todo sentido, aparece como exterior, ex–siste al sujeto. Confrontado con la irrupción de este goce que hace intrusión, el sujeto reacciona con un rechazo (es una forclusión generalizada): rechazo de este objeto indecible, de eso que “se goza” en su cuerpo.

 

 

En suma, con tres nudos de trébol se puede llegar a hacer un nudo borromeo.

 

¿Por qué hace Lacan esta búsqueda? (p. 50) Para explicar que un nudo en que real, simbólico e imaginario, (RSI) estén en continuidad de modo que sean indistinguibles.

La distinción entre los 3 redondeles es fundamental. ¿Qué significa “consistencia”? Lacan lo dice: “consistencia es lo que mantiene algo unido”. La distinción es problemática porque son equivalentes. P. 50, aptdo. 2: círculos equivalente, resultado de cierta convergencia “…puntos de aplanamiento que les darán continuidad”-

 

Lo imaginario: soporte de la consistencia, sostiene en lo real la ex-sistencia, consistencia de todo lo que se mantiene unido. Lo real, se caracteriza por la ex-sistencia. Encontrando la detención de lo simóblico y lo imaginario. “Lo real acomete, interviene en el orden de la limitación … Lo real solo tiene existencia si encuentra el freno de lo simbólico y lo imaginario… es preciso decir lo mismo de los otros dos…”.

 

Los tres redondeles se imitan, por eso el nudo de trébol. En la presentación de enfermos “Una psicosis lacaniana”: se confunde lo simbólico con lo real, o lo imaginario y lo real, según el sujeto.

 

p. 52: con un cuarto nudo “…siempre se apoyará en tres soportes que aquí llamaré subjetivos …constituyen cada uno algo personal, el cuarto será lo que enuncio este año como el sinthome.”

 

p. 53: el nudo como soporte del sujeto “…si el nudo de tres es el soporte de todo tipo de sujeto ¿cómo interrogarlo de manera tal que se trate de un sujeto?… En la medida en que un sujeto anuda de a tres lo imaginario, lo simbólico y lo real, solo se sostiene por su continuidad..”

 

Héctor García: RSI no se tocan. La constitución sólo se traduce por un cuarto nudo que sujeta los otros tres.

 

V.Palomera: Esa “indiferenciación” de los tres, sólo se rompe con el cuarto nudo, es decir, gracias al anillo del sinthome.

p. 54 : “Trenza subjetiva” que lleva a la floculación, lo que se precipita. Cuartos términos con ciertos puntos elegidos, se fija el nudo, el sinthome, respecto a los otros tres, en el neurótico.”De este modo se nos da una idea aproximada sobre lo que ocurre con el inconsciente”. Es la particularización . No es como personalidad que interviene.

Dichos o no dichos parentales y el modo en que ellos han sido aceptados: algo se precipita, se fija.

 

Anna Aromí: Le pedimos al nudo lo que le pedíamos al simbólico. Ahora se trata de texturas y tejidos. Ya no se trata del falo que ordena.

 

Vicente Palomera: el síntoma, cuando se ha formado, es algo resistente en tanto nudo, por eso no se atraviesa el sinthome, siempre se tropieza con él. No es dialectizable.

Algunas marcas más o menos decisivas que cristalizan algo de lo viviente en la lengua (Conferencia de Ginebra)

 

Puntos de soporte del síntoma que son personales: p. 53, no hay más que uno solo, sólo hay un nudo de tres, soporte de todo tipo de sujeto. En la psicosis paranoica como la personalidad. ISR, una y misma consistencia, igual sucede en la psicosis paranoica: 3 paranoicos más una personalidad. Los tres se constituyen del lado de la paranoia.

 

Imaginario: se articula la función del “je”, la imago del semejante correlativa al drama de los celos primordiales .Simbólico: Ya no es la idea pacífica de lo simbólico como pacto, porque en lo más profundo se trata del sujeto “hablado por el Otro”. Real: El goce que desborda el juicio de existencia. El sujeto siempre es cogido por sorpresa, por eso habla de ex-sistencia.

 

Leonora Troianowsky: algo inquietante, intrusivo.

 

V.Palomera: Exacto, cuando habla de ex-sistencia, tiene que ver con el cuerpo viviente y donde la respuesta del sujeto es forclusión, rechazo, queda como ex-sistente. Lo traumático es que no tiene al lado al Otro para responder. Inasimilable al significante y separado de todo sentido. Extranjero, exterior.

 

Miquel Bassols: tres modos de aparición de lo hetero en lo homo, nudo borromeo en tres: no hay modo de distinguir los tres registros.

 

V.Palomera: en algunos casos se puede segregar el sinhome. Podría deducirse un cuarto, la personalidad, pero se pregunta ¿ella sería también paranoica?

Con el nudo de tres, soporte del sujeto, necesario pero no suficiente, número indefinido de nudos de tres más la singularización del síntoma. Creencia del sujeto de que él es él, creerse lo que uno es.

 

M.Bassols: Lo particular es que uno se reconoce como uno entre otros.

 

V.Palomera: la singularidad es el reverso de la personalidad, la singularidad es el sinthome

En la p. 53 homogeneiza el nudo borromeo. No hay más que uno solo, el del síntoma. Ruptura de la personalidad, que es el nudo de tres y el sinthome, el nudo borromeo anudado por el sinthome.

El nudo de trébol es el nudo del sujeto identificado al rasgo unario, uno solo frente a los otros. La personalidad, el yo.

Sinthome: segregarlo, permitir dar relieve al RSI, conformado en el nudo de la paranoia

 

M.Bassols: Distinción entre lo particular y lo singular. Hace falta un cuarto elemento que singulariza al sujeto en fijaciones determinadas.

 

V.Palomera: Cadena de nudos indefinidos, movimiento, como una textura. ”La posible floculación terminal de cuartos términos en esta trenza que es la trenza subjetiva nos permie supoenr que, en la totalidad de la textura,haya ciertos puntos elegidos que resultan ser el términodel nudo de cuatro. Y en esto consiste, hablando con propiedad el sinthome.” La tesis de lacan es que la única manera que uno tiene de gozar del inconsciente es  dándose un síntoma

 

Xavier Esqué: “Soy como gozo”

 

V.Palomera: Sí, pero antes el sujeto entró en el análisis con la creencia de su yo, con la creencia  de su personalidad,  para ir dhacia el encuentro, de lo singular del goce incluído en el sinthome, su modo de goce. Frente a la personalidad, Lacan introducirá el reverso, el sínthoma, como salida de la creencia del yo. El sínthome es entonces el reverso de la paranoia. Un análisis implica reemplazar la creencia del yo por una elaboración del traumatismo del goce.

Si Lacan había hablado del análisis como “paranoia dirigida” era ciertamente para apuntar a su reverso, el sínthome.

 


[1] Lacan,J., De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, Siglo XXI, México, 1976, pp. 252-3, n. 29. Ver también “Situación del psicoanálisis en 1956, en:  Escritos, p. 461.

[2] Ibid.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s