Joyce, el cuerpo y “la cáscara”

por Leonora Troianovski sobre la exposición de Xavier Esqué

Acta de la reunión del Laboratorio del 16-03-2012, redactada por Leonora Troianovski

Asisten a la reunión: Miquel Bassols, Xavier Esquè, Vicente Palomera, Anna Aromí, Alejandra Atencio, Marta Serra, Begoña Ansorena, Rosalba Zaidel, Irene Domínguez, Eduard Fernández, Silvia Grases, Araceli Teixidó y Leonora Troianovski (redacción acta).

Xavier Esquè presenta su trabajo sobre la frase “En Joyce hay algo que no pide más que irse como una cáscara…”. En Cap X del Seminario 23

El tema central es el estatuto del cuerpo, que en este momento de la enseñanza de Lacan, JAM define como “Piezas sueltas”.

De entrada tenemos una idea del cuerpo a partir de la potencia de la imagen y la forma, del estadio del espejo. De aquí la “adoración” de la forma. La cuestión se problematiza en tanto el cuerpo –así definido- no es un dato primero, un punto de partida sino que hay el organismo. “Tener” un cuerpo es entonces un producto, implica que uno no lo “es”; es necesaria una operación de apropiación del cuerpo.

“Tener” un cuerpo implica la posibilidad de poder hacer algo con él, también el tener que mantenerlo… El significante interviene en esta operación en una doble vertiente, por un lado supone una inscripción que vacía, “en corps”, pero por otro es él mismo causa de goce, deja una marca de goce. Desde esta perspectiva la problemática del cuerpo no se reduce a la teoría del estadio del espejo.

El cuerpo se sostiene en su dimensión narcisista y de la buena forma así como sustancia gozante. En la página 64 Lacan dice “el parletre adora su cuerpo…”. Esta “adoración” implica al cuerpo en tanto se tiene, sólo entonces se puede mantener con él esta relación de adoración. Este “tener un cuerpo” requiere que RSI estén anudados por el sinthome –o por el NP-.

La imagen alude al cuerpo como forma y como sustancia gozante. El sujeto encuentra su ser de goce en el cuerpo… Aquí Lacan define el cuerpo como “la consistencia mental del parletre”. Cuando los tres registros no están anudados lo imaginario se desliga y el goce no tiene manera de situarse en el cuerpo, el cuerpo pierde su consistencia de continente. Pierde la consistencia que tiene por ser bolsa… De este fenómeno da cuenta la escena de la paliza en Retrato de un artista adolescente, de Joyce.

“Algo que no pide más que irse…” sería una referencia de este desprendimiento del registro imaginario, que acontece durante la paliza que recibe J. Allí encontramos ese dejar caer al propio cuerpo –en la medida en que se afloja el lazo que lo haría “propio”, el tener el cuerpo en propiedad…

Tendríamos de un lado la relación de “adoración” con el cuerpo en tanto se tiene, correlativa de los tres registros anudados, y por otro este “maltrato”, en el momento en que ese cuerpo se experimenta bajo un cierto desapego, en la psicosis.

En este punto se plantea un debate en relación al “maltrato” como relación con el cuerpo propia de la psicosis, como índice diagnóstico… Se comentan las variaciones clínicas en relación a las marcas en el cuerpo como modo de localizar el goce, el tema del dolor como forma de hacer aparecer un límite o los bordes del cuerpo… Se diferencia de lo que serían pasajes al acto sobre el cuerpo propio. Diferencias entre el “maltrato”, la “marca” vinculada al acto, el recurso al marcar el cuerpo como modo de atemperar la angustia, el dolor como límite a la angustia…

En la escena de la paliza lo que Lacan destaca es la ausencia de afecto, de dolor o de revancha. El dolor indicaría que ese cuerpo es de uno, sería el índice de que eso le duele al sujeto y la revancha situaría ese cuerpo como propio, a defender del otro especular. Ninguno de estos dos afectos tienen lugar en la experiencia del joven artista.

Ubicamos el “cree que lo tiene” –referido al cuerpo- como efecto correlativo al nudo. El aflojamiento del nudo y el desenganche de lo imaginario en la experiencia de la psicosis comportaría el efecto de “eso se va”, retomando la frase trabajada.

El afecto como indisociable del cuerpo, sería propio de la neurosis. En la experiencia de Joyce durante la paliza el afecto no está, el cuerpo se desprende “como una cáscara”…

Luego se plantea la cuestión del Ego como solución sintomática en Joyce, (ego en tanto  no es el yo). Se trata de un Ego que hace función de anudamiento y que es formulado a partir de la escritura. En este punto se lo diferencia del yo, formado a partir de la imagen del cuerpo (estadio del espejo).

Se trata de un Ego = ser artista, en relación a lo escrito, “él es la obra”. Ubicamos allí una función de nominación, por ello hablamos del sinthome y de su efecto de anudamiento.

En este punto se plantea el debate de cómo pensar en la clínica desde una nueva perspectiva, separada de la psiquiatría clásica, a partir de los nudos. Se abren preguntas acerca de cómo pensar diferentes fenómenos clínicos con la lógica del funcionamiento y los nudos: cuando es el registro imaginario lo que se desprende o desanuda y R, S se mantienen enlazados o cuando es lo S lo que se afloja… etc.

Se retoma la referencia a la pág. 149 y la función del Ego  como “corrector”. En Joyce no habría desencadenamiento en tanto R y S siguen anudados. De ello darían cuenta las epifanías, enigmas sin sentido –que excluyen lo imaginario-.

Se plantea las diferencias con el caso Schreber, en el que sí se habría producido un desencadenamiento. Se ubica entonces la función del delirio. Se debate acerca de “desde cuándo es psicótico…”, qué lo sostenía, el desencadenamiento explicado con el paradigma del “encuentro con un padre”, la precipitación del desencadenamiento a partir de ser llamado a responder por la función simbólica…

Esto abre la cuestión de la psicosis ordinaria, ¿qué había funcionado como sostén, como nudo? Se comenta que la cuestión de la sexuación y la cuestión de las generaciones son lo que hace síntoma, en la siguiente generación.

Referencia a la hija de Joyce que aparece en el Seminario, cuando habla de la “telepatía”, en este caso lo que se desengancha es lo S. En relación a Joyce se plantea la hipótesis de que hasta la construcción de este ego corrector lo religioso habría funcionado como sostén.

Pensar la clínica fuera de las categorías de la psiquiatría clásica como diferentes posibilidades de “errar el nudo”, dando lugar a las variaciones clínicas. Referencia a Gerard Primeau “La psicosis lacaniana”. Cómo funciona el nudo en cada caso.

Otro tema del debate fue la cuestión de “lo mental”, tanto referido a lo imaginario como referido a lo simbólico. (ref. intervención de Lacan en El fenómeno Lacaniano, Niza 1974. En Uno por uno Nº 46).

El “verse desde fuera”, fenómeno de “despersonalización” leído desde la clínica de los nudos… Referencia al seminario IV, donde Lacan habla de la identificación del niño al falo, por la que el cuerpo implica algo más que la identificación imaginaria… se trata de pagar “cage”.

“El diagnóstico de Joyce es su ego”. Tomando el diagnóstico como lo que anuda los tres registros. En este punto se podría hacer una serie, a partir de qué elemento cumple esa función: el ego, el NP, etc.

Tomamos el caso Juanito para pensarlo en términos de “desencadenamiento” de la fobia, la fobia como algo que viene a anudar lo aflojado. Pensado así la neurosis sería el tiempo que necesitaría el sujeto para construir su sinthome.

¿Por qué Joyce no es nombrado como un caso de psicosis? Lacan se refiere a esto pero a partir de la pregunta de si podemos decir que está loco… ¿a partir de cuándo se está loco?

En la mayoría lo R, S, I se continúan, a falta de una operación que los distinga… “el punto de partida es la psicosis…”, los tres registros como disjuntos de entrada. Se sitúa la operación de nominación como función necesaria para poder situar entonces R, S, I.

Se redefine el síntoma como una operación de nominación. (pag.85 diferencia cadena y nudo).

Estas cuestiones nos llevan a interrogarnos acerca del “estado de las cosas” antes /después del desencadenamiento o de la presentación de fenómenos. Retomamos la pregunta de la reunión anterior de si “todos tenemos sinthome”… se plantea la cuestión temporal como necesidad lógica para orientarnos en la clínica.

De aquí a la reflexión de la historia como una farsa, la ¿ necesidad? de pasar por la pregunta del origen y cómo esto invita a una imaginarización del asunto que hace perder las coordenadas. Entonces hablamos de la diferencia entre origen y causa, “no hay psicosis si no hay lenguaje…”.

Ubicamos aquí  una dificultad a la hora de sostener el debate en lo social, por ejemplo respecto del tema del autismo en la infancia. Tema del origen y la trampa genética… Se plantea la paradoja lógica de intentar explicar el origen del lenguaje desde el lenguaje mismo y se recuerda la diferenciación freudiana entre etiología, causa y determinación.

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