Algunas cuestiones que J.-A. Miller desarrolló en Montpellier

por Marta Serra

LO IMAGINARIO: IDA Y VUELTA

Al inicio de su enseñanza, Lacan dio un lugar central al EGO constituido en la relación a la imagen e hizo esto congruente con la posición de Freud respecto al narcisismo, a la relación al yo.Después hizo pasar eso a segundo plano para sobrepasar el narcisismo y ponerse en relación con el Otro y lo simbólico.

En el seminario XXIII Lacan volvió a la cuestión del cuerpo, más allá de lo simbólico, volvió a encontrar esa dependencia miserable con el cuerpo. Todo lo que hemos tratado desde lo simbólico, Lacan lo retrotrae, en su última enseñanza, a lo imaginario: por ejemplo, lo siniestro es referido a lo imaginario.

EL DESEO EN LA ENSEÑANZA DE LACAN

Lacan trató de distintas maneras el deseo a lo largo de su enseñanza: primero fue el deseo de reconocimiento que abandonó en “la dirección de la cura” para ir a la cuestión del deseo vinculado estrictamente al significado, el deseo en tanto metonimia de la cadena significante, metonimia que nunca puede ser explicitada ya que es un deslizamiento permanente que no se detiene y por eso no se puede decir. Hablaba entonces de la incompatibilidad del deseo y la palabra.
Sin embargo, ese deseo era un movimiento puro del significante por la cadena pero no era sexual. En la época de la dirección de la cura, Lacan tomaba lo sexual del lado fálico, completo, exhibicionista, no del lado de la opacidad.

La opacidad sexual es una novedad de este seminario, donde además privilegia la cuestión de lo imaginario.

LA OPACIDAD SEXUAL

La opacidad sexual es un enigma. Se puede considerar que todas las acciones del parletre son maneras de intentar resolver ese enigma: la ciencia, la religión es una respuesta muy inteligente porque toma la opacidad sexual como un misterio y encima pone más misterios con lo que no lo resuelven en absoluto: la trinidad, el embarazo de María…

La respuesta que damos a la opacidad sexual real en términos de simbólico es lo que hace que Lacan hable en términos irónicos de lo que puede el psicoanálisis.

LA RELACIÓN SEXUAL Y “LO MIO”

De lo único que se puede decir “es mío” es del propio cuerpo. Sólo en la relación incestuosa se puede decir que hay “relación sexual” en tanto ahí si se puede decir “es mi madre”, “es mi hermana”. Lacan decía esa frase “tu est ma femme” cuando daba un valor supremo a lo simbólico, capaz de abolir lo real. En el seminario XXIII ve todo eso como una fantasmagoría: no hay ningún motivo para creer en ello.

LA PSICOSIS Y EL ORDEN SIMBÓLICO

Lacan hace un esfuerzo para tomar el psicoanálisis del lado de la psicosis y su ironía respecto al orden simbólico. Así dice que la paternidad es una ficción simbólica y también el matrimonio (estar casado no hace que lo real se regule a lo firmado. Estar casado no hace a una mujer “la mujer de…”

Hoy es un momento de cambio crucial: la paternidad ha cesado de ser una ficción legal, la maternidad ha pasado a ser una ficción legal. Hay pilares de nuestro mundo psíquico que están cambiando y no sabemos cual va a ser el efecto en el parletre.

LA FORCLUSIÓN IMAGINARIA Y SIMBÓLICA

NO es que haya un error en lo simbólico en la psicosis sino que hay un error en lo imaginario. En lugar de un problema de forclusión del NDP lo que sucede es que hay una forclusión de ego, del yo del estadio del espejo, esto es, de la imagen de si mismo que ancla lo imaginario: el yo es el anclaje esencial de lo imaginario. El ego es un modo de creencia.

Hay la forclusión de hecho y la forclusión de ley. La forclusión de hecho es el defecto de formación del ego (hay un padre que no ha hecho lo que debía hacer, es una forclusión pragmática). Y la forclusión de ley es la forclusión simbólica, la forclusión generalizada por los límites de lo simbólico respecto a lo real.

Pone en cuestión el privilegio mismo que él había dado a lo simbólico. Ahora IRS están en el mismo plano. El “antiedipo” de Deleuze es heredero del Schreber de Lacan, pero Lacan mismo fue mucho más lejos hasta producir este seminario.

SINTHOME Y CREENCIA

La creencia en el síntoma implica 1. Que tiene una existencia y 2. Que tiene un sentido. Esa era la definición de síntoma como formación del inconsciente. (si uno no cree en un lapsus se convierte en un error grosero), hay que creer en la formación del inconsciente, lo que significa darle estatuto. Es el síntoma como un ser de creencia.

Pero respecto al Sinthome la cuestión es distinta: Lacan separa de él algo de la creencia. La regla es que uno no cree en él, no cree que su manera singular de funcionar da cuenta de quién es él. Por que el parletre está siempre en relación a una imagen de si mismo, ideal, su ego, que es la que precisamente introduce la falta.

La falta se introduce en tanto creemos en nuestra imagen, en nuestra imagen mental de nosotros mismos, la imagen que uno tiene en la cabeza, que es una imagen pasada por el fotoshop del ideal. Y uno no se ve parecido a lo que realiza porque se cree parecido a su imagen mental. En realidad toda la enseñanza de Lacan son distintas maneras de decirle al sujeto: “Tu eres eso”, ya sea el nombre del sujete, su objeto, etc. Y al final es : “tu eres tu sinthome” en el cual no es necesario creer.

Miller dice: Si uno se equivoca una vez puede ser un acto fallido, un cierto efecto de verdad, si comete el mismo error muchas veces, ese deviene síntoma. Si lo hace a cada rato, ya no es síntoma, es su forma de ser. No es que hay error, es que es así

PARANOIA Y PERSONALIDAD

La psicosis paranoica se considera una enfermedad mental, mientras que tener una personalidad se considera algo normal. Decir que la psicosis paranoica es la personalidad es decir “todo el mundo está loco” aforismo de Lacan. La idea ya estaba en su tesis pero aquí está llevada al límite. (¿la identificación imaginaria tiene un privilegio especial respecto a la simbólica?)

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Una orientación hacia el sinthome

 por Guy Briole

Reseña de puntos de capitón de las intervenciones de Jacques-Alain Miller en el Parlamento de Montpellier y de dos orientaciones en su curso “El ser y el Uno”

 

La orientación de Lacan en la época del Seminario XXIII, El sinthome, tiene como centro de gravitación lo imaginario que vuelve que vuelve a primer plano. ¿Por qué decirlo así? Por que lo imaginario estaba ya en primer plano en el psicoanálisis desde su origen respecto a la cuestión de la opacidad sexual.

La opacidad sexual tiene que ver con la incompatibilidad entre el deseo y la palabra. Bajo la cadena significante se desliza el deseo. Este deseo, no es el deseo sexual, es un deseo puro del significado el que se somete al significante.

S1 — S2 — S3

deseo

 

Este deseo puro se desliza bajo la cadena significante al infinito… lo que introduce dos nociones: “no hay relación sexual” y “hay una opacidad sexual”. Dos nociones que están en el psicoanálisis de siempre pero se necesitaba el trabajo de Lacan para darles forma.

Por tanto, la opacidad remite a una cuestión imaginaria. Tomando en cuenta que todo conocimiento empieza con una confusión en la percepción del mundo, el error se sitúa al nivel de lo imaginario.

JAM subraya otra vez que lo imaginario es lo que Lacan, en su última enseñanza, pone de nuevo en el centro.

Este desarrollo de JAM viene después de una pregunta alrededor de la creencia, una creencia particular que sería la de Joyce.

JAM empieza diciendo que la creencia es del lado de lo simbólico; la creencia pasa por la palabra.

Con el síntoma nos enfrentamos con algo que falta, algo que no funciona. Y, en la época del inconciente estructurado come un lenguaje, el síntoma viene como efecto de verdad. También los lapsus, los sueños, los actos fallidos…

Pero, aquí, se plantea la siguiente cuestión: ¿de donde surge la idea de lo que falta (du manque)? JAM la pone en relación con una imagen que uno tiene de si mismo (soi même). Cada uno de nosotros tiene una imagen de si mismo, una creencia en un Ideal de esta imagen. Es decir de una imagen ya marcada por lo simbólico, una imagen mas allá del eje a—à.

La falta surge de la diferencia que, en un momento dado, uno vive; una diferencia que puede existir entre lo que uno cree, o piensa, de si mismo y su Ideal. Hay algo que no coincide, que no corresponde.

Es aquí, subraya JAM, que “se tiene síntomas cuando uno precisa que algo no corresponde”. Lo que se dice: “no me reconozco”, “antes no era así”, “eso no me corresponde” , “no se lo que me pasa, soy diferente”.

Es la creencia del sujeto y, de eso, sufre. Sufre de la repetición, de intentar hacer coincidir lo que vive con lo que cree. Ejemplo: después del fracaso de una pareja uno ha encontrado otra persona tomando otras garantías que le permitían pensar “esta vez será la buena”. Se produce de nuevo un fracaso. Después repeticiones de encuentros como si cada vez el siguiente podría corregir los anteriores, como si esa vez sí, podría coincidir. Es la repetición.

JAM introduce un nuevo concepto: ITERACIÓN. Algo iterativo es algo más relacionado con el hecho de actuar de una manera repetida, un hacer; la repetición es mas del lado del pensar, del decir.

La repetición sería mas el discurso que uno encuentra para envolver la iteración. Repetición: decir siempre lo mismo/Iteración: hacer siempre lo mismo.

La iteración es lo mismo que vuelve. Un poco artificialmente JAM separa tres tiempos:

  1. Puede surgir un acto fallido, tiene un efecto de verdad.
  2. Surge una segunda vez, ¡vale!
  3. Una tercera, una cuarta, etc. ¡Basta! Ya lo hemos entendido y, relativamente al sujeto, Lacan concluye: “¡lo que hace , es lo que es!”

El sujeto no es lo que dice, es lo que hace.

En realidad no hay una falta objetiva. La falta se introduce creyendo en una imagen que uno piensa de si mismo, cuando uno piensa que algo no corresponde.

Con el sinthome hay una separación respecto a la creencia: el sinthome no se parece a ti porque nunca uno se reconoce en lo que es.

Con el sinthome no necesitas creer para que sea así. El sinthome subraya JAM “es su ser de funcionamiento”

El sinthome es un “Tu es cela”; ¡eres eso!

Es lo que puede quedar al final de un análisis.

Con Joyce, añade JAM, la creencia no se plantea de la misma manera y se pone en cuestión el concepto mismo de Nombre del Padre en el sentido que algo pasa mas al nivel de lo imaginario.

Hay un error al nivel de lo imaginario; en el fundamento de la psicosis hay una fuga en lo imaginario.

Joyce no tiene el mas mínimo estadio del espejo, en el sentido de un cualquier anudamiento con el Otro. No tiene una imagen de él mismo que se sostenga. Por eso no estamos en empatía con Joyce, no nos podemos identificar con él.

Joyce se construyó un ego facticio (un moi factice), aquí donde el imaginario no esta agarrado (accroché). Incluso dice JAM: “el ego es el broche de lo imaginario”. (“C’est l’ego qui est l’agraphe de l’imaginaire”) Y JAM sugiere que no se trata de la forclusión del NDP, sino de una forclusión del Imago. Más precisamente, de “una no constitución del ego”; sino de un ego facticio.

Entonces, Joyce no se plantea la cuestión de la creencia para él, más bien la desplaza sobre los otros. Joyce no se construye un Otro ni malvado, ni perseguidor, ni uno del cual le volvería su propio mensaje bajo una forma invertida. Se construye un Otro constituido de múltiples otros que supone al trabajo en una transferencia sobre su obra. Hay un desplazamiento de él a su obra.

Joyce pensaba que, más bien, serían los demás que podrían creer en su obra. La obra de Joyce esta más allá de un espacio de la creencia.

 

Dos triparticiones en el curso de JAM: El ser y el Uno

a. La causalidad

Jacques-Alain Miller, en su curso del 18 de mayo 2011, separa tres tipos de causas que no se sustituyen las una a las otras sino que son tiempos diferentes de la experiencia analítica; las causas imaginaria, simbólica y real.

La causalidad imaginaria, es la de la “Acerca de la causalidad psíquica”. El estadio del espejo es la puesta en escena de la causalidad imaginaria. La causalidad está anudada con el Imago. Aquí, el análisis aparece como una catarsis narcisista.

La causalidad simbólica es en la cual la palabra está en el centro del sujeto del inconciente. Eso refuerza la “contingencia del inconciente” dice JAM con los “accidentes del significante” que causan efectos de sentido. En esta causalidad simbólica hay una doble contingencia: el evento y el sentido. Esta causalidad tiene un efecto principal, el fantasma.

La causalidad real, “limpiada de la imagen y del sentido” nos reenvía a la cuestión del sinthome.

 

Así, el recorrido va del Imago al fantasma y desemboca sobre el sinthome, marcando, entonces, el pasaje definitivo del sujeto al parlêtre.

 

b. Clínica analítica

1. Las formaciones del inconciente — los seis primeros Seminarios. Es el tiempo de la lectura de Freud por Lacan. Los términos que dominan son: interpretación, deseo y verdad.

2. El fantasma y su atravesamiento. El fantasma no es una formación del inconsciente es un mixto del inconciente y del Ello (Ça). El título del seminario La lógica del fantasma quiere marcar que hay una lógica propia a su formación a partir del Ello. El fantasma = lógica+ el Ello. Los términos que dominan son: pulsión y goce.

 

La diferencia entre la 1 y la 2 es que deseo ≠ pulsión

–                   el deseo es el deseo del Otro. Histeria, estructura. Necesita un Otro de la palabra

–                   la pulsión es la pulsión del Uno. La instancia del Otro no tiene la misma necesidad que para el deseo. Es decir que uno no se da cuenta si el Otro está de acuerdo o no: pulsión acéfala .

Deseo-verdad tienen que ver con el significante. Un efecto del significante, subraya JAM, es el significado, un efecto de goce.

El goce es indiferente a la verdad, esta “anclado en el cuerpo”

Lo que permite las dos escrituras del fantasma:

deseo <> goce

$ <> a

El atravesamiento del fantasma produce un désêtre (una cierta desertificación del goce) y la deflación del deseo (el deseo siendo la metonimia del manque-à-être). La enseñanza de Lacan anuda le manque-à-être a la existencia que incluye el objeto a como goce positivo (recuperación de goce) aquí donde había inventado F, imposible de negativar. Pero, a, en el fantasma, es lo que del lado del goce tapa la castración

a

———

— j

El atravesamiento es lo que separa, hace saltar el tapón; es, como se decía, un atravesamiento hacia su núcleo de real.

 

3. El sinthome. Con el sinthome basculamos (“on bascule” dit JAM) del lado del goce. Antes Lacan decía que la verdad tenía una estructura de ficción en relación con lo real. El sufrimiento, lo que estaba mal, estaba en esta ficción.

 

Ahora dice que, frente a lo real, la ficción es una verdad mentirosa porque hay un goce que no se deja negativizar.

Entonces, el camino de Lacan es el Inconciente es verdad —> Inconciente es saber —> bascula en El inconciente es real; un concepto del inconciente que incluye el Ello.

Lacan sustituye al sujeto el parlêtre. El parlêtre incluye el cuerpo.

El parlêtre = un injerto de un ser sobre un cuerpo

El parlêtre es lo que reemplaza el Inconciente en el sentido que no hay sens sin jouis-sens y la reescritura del Otro es el Uno. El Otro es el cuerpo.

Así, pasamos del Otro de la palabra, ordenado por el deseo, a considerar que el Otro es el cuerpo y que él, no está ordenado por el deseo sino por el goce.

Es lo que podemos llamar la consistencia clínica del sinthome.

Pluralidad clínica del autismo

por Miquel Bassols

Un debate está en curso a partir de la propuesta no de ley que un lobby – lo que en política designa a un “grupo de presión” – ha conseguido hacer pasar al Parlamento español, propuesta según la cual solo podría tratarse a sujetos diagnosticados de autismo con métodos conductuales. Y ello sin tener en cuenta la pluralidad de tratamientos que ya se están realizando en la Red pública desde hace muchos años. La posibilidad de elección de tratamiento por parte de los sujetos y de sus familias quedaría así pura y simplemente excluida. Las alertas se han vuelto a abrir ante una pretensión tan exclusiva. No debería sorprender que los argumentos sigan teniendo el corte cientificista y reduccionista de otras veces. Ahora se añade una posición a esas argumentaciones que entra de lleno en lo que el científico Javier Peteiro ha tenido el acierto de denominar, en el excelente libro que hemos presentado y comentado recientemente, El autoritarismo científico (Miguel Gómez Ediciones, Málaga 2010). Las notas que aquí desarrollamos son solo un episodio más en el debate que seguimos en contra de ese autoritarismo inaceptable y de sus argumentaciones fundadas en datos de apariencia  “científica”. De hecho, la propia “comunidad científica” se muestra hoy tan dividida al respecto de hipótesis reduccionistas de este tipo que un mínimo sentido común aconsejaría ponerlas en reserva para dar lugar a una pluralidad pragmática cuando ésta sea argumentada. Es lo que nos proponemos aquí.
Ratones como autistas
Se suele repetir de forma categórica, sin medir el alcance de tales afirmaciones, que “el autismo es una afectación neurológica de causas genéticas”. A veces se añade la coletilla de que “hay conjeturas científicas fundadas para sostenerlo”, a veces se declara simple y llanamente que “todavía no se ha podido verificar experimentalmente”. La afirmación, sin embargo, sigue su curso tanto en los medios de comunicación como en muchos asesoramientos a padres y familiares de sujetos diagnosticados de autismo. El tratamiento conductual y/o farmacológico suele entonces proponerse, cuando no imponerse, como el más indicado y validado “científicamente”.
La última de las referencias que se nos han dado a conocer para sostener tales afirmaciones lleva el siguiente título: “Shank3 mutant mice display autistic-like behaviours and striatal dysfunction”[1],  “Ratones mutantes de la Shank3 presentan conductas de tipo autista y disfunciones estriatales”.  “Shank3” es una proteína postsináptica cuya mutación sería la responsable de tales conductas y disfunciones… ¡en algunos ratones! Shank3 es, pues, el nuevo candidato (de hecho, ya estaba en la lista hace unos años) para explicar el origen y causa del autismo.  Los candidatos, en efecto, se suceden  desde hace unas décadas para la futura y esperada nominación. Hace un tiempo el candidato mejor posicionado era el gen  CACNA1G, en otro momento ha sido el gen PTCHD1. Aunque la primera idea de una causa monogénica (debida a un solo gen) del autismo se ha desvanecido hace tiempo, los titulares no se hacen esperar: “El gen Shank3, responsable del autismo”, leemos ya en la prensa. Más allá de la impropiedad conceptual de tales afirmaciones (el nombre de la proteína ha sido adoptado por el supuesto gen), queda la semilla de la esperanza para un tratamiento que, siguiendo el modelo conductual de los ratones, se calificará también de conductual a la espera de que la enfermedad supuestamente orgánica sea corregida en su mutación genética.
Tomamos este ejemplo no porque nos parezca más o menos fundado en razón, – en realidad, no nos lo ha parecido en absoluto -, sino porque es paradigmático de la epidemia que asola este medio. Es una epidemia que se alimenta de la última investigación promovida en departamentos universitarios y laboratorios que poco o nada tienen que ver con la clínica real del autismo, pero que se propone como garantía última de su tratamiento con la etiqueta de  una falsa ciencia.
Empecemos por señalar algo que, por más obvio, no deja de pasar por alto a los transmisores de esta epidemia: la mera idea de diagnosticar a un ratón de “autismo” es un contrasentido absoluto, cuando no un insulto a una tradición clínica que ya tiene suficientes dificultades, como veremos, para ordenar el cuadro de fenómenos agrupados bajo ese término. Bien es cierto que tal como se prepara la próxima edición del DSM-V, manual con el que se supone deben orientarse los practicantes clínicos, está claro que el espectro se amplía de tal forma que casi cualquier rasgo juzgado por el observador como una “anormalidad en la sociabilidad” podrá incluirse en él.
Veamos la crítica de uno de los redactores del DSM-IV y jefe de Tareas del Equipo redactor, Allen Frances, ha hecho ya a la definición de TEA prevista en la próxima versión del DSM-V:
Trastorno del Espectro Autista (TEA). El trastorno de Asperger desaparecería en esta nueva categoría unificada. Aunque esta consolidación parece bien a algunos expertos, es controvertida y presenta problemas serios. Los afectados de Asperger (que es una discapacidad mucho menor) quedarán estigmatizados por la asociación con el trastorno clásico de autismo. Además, en la práctica diaria llevada a cabo por personas no expertas, el concepto de espectro alimentará probablemente la epidemia de un autismo definido de manera muy imprecisa, cosa que ya se ha iniciado con la introducción del síndrome de Asperger en el DSM-IV.”
El panorama es tan confuso que cuesta pensar en la posibilidad de su ordenación por una causalidad genética o neuronal , causalidad que se diluye cada vez más con la imposible especificidad de los síntomas. Las causas y la etiología del autismo se convierten entonces en un asunto tan pantanoso como el de averiguar el origen de cualquier respuesta considerada como asocial en un sujeto. Al igual que en el artículo que hemos tomado como referencia,
todo el problema está en el modo en que se conciban las “autistic-like behaviours” del título, esas “conductas como de autista”. Es el problema que queda como un supuesto siempre sin definir en este estilo de artículos: ¿”like” qué? La vaporosa creencia de que un ratón podría establecer “vínculos sociales e intersubjetivos” anida en ese supuesto como un verdadero virus animista nunca explicitado ni interrogado. Nada que ver con una concepción fundada en una razón científica. Es, sin embargo, de ese malentendido que se alimenta la absurda homología que se establece entre las reacciones de un ratón a una modificación biológica y las dificultades subjetivas de alguien que responde a un problema en su cuerpo a través de una experiencia que sucede por entero en un mundo de lenguaje.
Pero es necesario haberse planteado al menos algunas preguntas sobre la estructura del lenguaje y sus efectos sobre el cuerpo en el tratamiento de un sujeto diagnosticado de autismo para ser sensible a esta dimensión clínica. Lo más llamativo es que las afirmaciones anteriores están hechas por investigadores que observan a ratones pero que no han llevado a cabo ningún tratamiento con sujetos autistas. En realidad experimentan con ratones y extrapolan después los resultados sobre sujetos que no han tratado nunca.

[1] Artículo publicado en Marzo de 2011 en la revista Nature. (published online 20 March 2011).

Sobre el cogito cartesiano

por Eduard Fernández

Descartes contrapone los grandes avances en matemáticas al estancamiento en el que se encuentra la filosofía de su época.  Se pregunta entonces por la razón de este hecho y llega a la conclusión que le falta un método que le proporcione ideas evidentes donde sustentar el conocimiento. Esta evidencia, en el campo de la filosofía, nacerá de la duda metódica a partir de la cual intentará encontrar una certeza absoluta que sirva de fundamento sin posibilidad de error alguno.  Así pues, tal duda es un procedimiento epistemológico para llegar a una certeza.

En las Meditaciones Metafísicas, empieza dudando de los sentidos  puesto que son muchos los ejemplos que muestran que nos engañan (vemos los objetos lejanos pequeños cuando en realidad pueden llegar a ser de gran extensión, …). También se da cuenta de la imposibilidad de buscar una certeza en los datos  inmediatos de la conciencia puesto que, en ciertas ocasiones,  podemos tomar por verdaderos algunos que no son más que el fruto de los sueños o de las alucinaciones (como en el caso, como él dice, de los “locos”).

Así pues, una vez la duda metódica ha negado la posibilidad de buscar un fundamento seguro  ni en los sentidos ni en los datos inmediatos de la conciencia (con el resultante poner en entredicho al mundo exterior), sólo quedaría por analizar las verdades racionales de las matemáticas y demás ciencias. Es en este punto donde introduce la idea de la posible existencia de un “genio maligno” que haga que incluso  que los pensamientos más evidentes (es decir, claros y distintos) sean fruto también del engaño y del error.

Sin embargo, incluso dudando de todo e intuyendo que todo lo que sé puede ser el resultado de un engaño permanente, hay una certeza que no puedo destruir: “Cogito, ergo sum” o “Pienso, luego existo”. Incluso si todo lo pensado es falso, es necesario que yo en, cuanto sujeto pensante, exista.

En consecuencia, estamos ante un enunciado verdadero que vincula la existencia al pensamiento y al lenguaje puesto que esta proposición sólo es verdadera mientras sea enunciada.  Citando a Descartes, esta proposición solamente “es necesariamente verdad cada vez que la pronuncie o la conciba en mi espíritu”.

Así pues,  este es el “punto de Arquímedes” sobre el cual Descartes construye el conocimiento restante.  Aunque, inicialmente, sólo sé que existo y que existo como “cosa pensante”  (res cogitans). Nada más. Es decir, estamos con un S1 aislado y de ahí la necesidad de encontrar un S2  que haga cadena significante. De lo contrario, permaneceríamos únicamente anclados en un saber incapaz de abarcar nada más que la instantaneidad de la enunciación “Pienso, luego existo”.

Este S2 será para Descartes Dios que, en su perfección absoluta, es imposible que nos engañe. Pero para poder avanzar en este punto es necesario demostrar su existencia. Para ello, el filósofo francés  recurre a dos razonamientos. En primer lugar,  es imposible que en tanto sujeto que duda e imperfecto pueda ser él mismo la causa de la idea de perfección que, sin embargo, tiene. El efecto no puede ser superior a la causa y, por lo tanto, ésta última debe responder a un ser perfecto exterior al sujeto (Dios). El segundo razonamiento parte del argumento ontológico de San Anselmo. La misma idea de un ser perfecto implica su existencia ya que sin ella lo sería en menor grado.

Una vez encontrado un S1 libre de todo error (“Pienso, luego existo”) y un S2 que garantiza un posible saber, Descartes ya puede reconstruir de nuevo el edificio del conocimiento.

Explicar la manera en que lo hace sobrepasa el objetivo de este trabajo pero con lo ya comentado podemos entender el porqué Lacan considera que el cogito cartesiano es la formulación epistemológica de las transformaciones del sujeto a raíz de la aparición del discurso de la ciencia (La ciencia y la verdad, 1965)

Se observa como  el “Pienso, luego existo” implica un saber que va desligado de lo que tradicionalmente se entendía por sujeto (con sus representaciones, su pasiones, sus miedos, sus deseos…). Es un sujeto sin atributos, un sujeto que sólo aparece cada vez que enuncio esa proposición pero vaciado de todo contenido. De ahí la afirmación de que el cogito libera del sujeto a la ciencia. Anteriormente, el conocimiento implicaba a todo un sujeto y en algunos casos, como en la alquimia, los transformaba. Hoy en día puedo abrir una enciclopedia y acceder a los secretos de la física o las matemáticas sin que por ello haya ningún cambio en mi posición subjetiva porque ésta no interviene a la hora de adquirir estos conocimientos más allá de mi deseo por el saber.

Pero   el cogito cartesiano no sólo libera a la ciencia del sujeto sino que también instaura a un sujeto que se fundamenta en algo completamente nuevo. Ya no se trata del sujeto como causa de las representaciones sino de un sujeto que él mismo es causa del lenguaje y que se fundamenta en la palabra.    Aunando el pensamiento (“Pienso”) con el ser (“existo”) y afirmando su veracidad únicamente cada vez que la pronuncia pasamos de un sujeto que es la causa del lenguaje a un sujeto que es más bien su efecto.

Es justamente en este punto donde sitúo la afirmación lacaniana de que el psicoanálisis no podía haber aparecido antes de Descartes y  porqué el cogito cartesiano  es condición de posibilidad de éste último. Si desde el psicoanálisis tratamos al sujeto como efecto de la cadena significante (“un sujeto es aquello que representa un significante para   otro significante”) y no como causa de ésta última es porque Descartes abrió la vía explicada anteriormente fundando el cogito en el instante mismo del decir. La problemática del psicoanálisis será como reintroducir a este sujeto vaciado de todo contenido característico de la ciencia en un  saber que permita tratar y operar con él.

 

Bibliografia

Brousse, M.H (2004). Variations sur le cogito. En Des philosophes à l’envers. Paris: École de la cause freudienne.

Descartes, René (1637/2002). Discurs del mètode. Barcelona: Butxaca 62.

Descartes, René (1641/1992). Méditations métaphysiques. Paris: Flammarion.

Lacan, J. (1965/2001). La ciencia y la verdad. En Escritos. Buenos Aires, Barcelona, México: Siglo XXI editores.

 

 

Cientificismo y sujeto

por Javier Peteiro

El trabajo científico parece tener un afán epistémico esencial al que es inherente un goce estético*. La relación belleza – verdad impregna el avance científico fundamental. La Ciencia desvela la belleza del mundo, siendo bella en sí misma. Decía el gran matemático Hardy que “Las estructuras matemáticas, como las de los pintores o los poetas, deben ser bellas. Las ideas, como los colores o las palabras, deben encajar en una forma armoniosa. La belleza es el primer test. No hay lugar permanente para las matemáticas feas”. El físico Dirac también afirmó que “Es más importante que una ecuación sea bella que el hecho de que concuerde con los experimentos”.

En 1984, Isaac Asimov, un gran divulgador científico, escribía en uno de sus libros lo siguiente: “la iniciación en el maravilloso mundo de la Ciencia causa gran placer estético, inspira a la juventud, satisface el deseo de conocer y permite apreciar las magníficas potencialidades y logros de la mente humana”.

Pero belleza y verdad no necesariamente se asocian a bondad. El gran físico Richard Feynman decía “La Física es como el sexo: seguro tiene una utilidad práctica, pero no es por eso que lo hacemos”.  Sí tiene una utilidad práctica. Aunque no fuera por ella, Feynman contribuyó al proyecto Manhattan.

1953 suele citarse como el gran hito, el año en que se publicó el modelo de DNA. En los años 60 se descifró lo que se empezó a llamar código genético y la Biología, al hacerse molecular, parecía que iba a marcar una nueva era en el siglo XX, un siglo cuyos inicios habían sido marcados por las grandes revoluciones físicas de la mecánica cuántica y la relatividad.

Hasta entonces se diferenciaba claramente entre ciencia básica y ciencia aplicada. Y como ya ocurrió con los griegos, los científicos teóricos mostraban cierta altanería sobre los dedicados a ciencias aplicadas, la Ciencia pura frente a la Ingeniería, la Física teórica o la Química Física frente al electromagnetismo o la Química Orgánica.

Había Ciencia y Ciencia aplicada, a la agricultura, la industria, la síntesis, la construcción o la Medicina. La Medicina, a pesar de modernizarse extraordinariamente con los rayos X, las vacunas o los antibióticos, era lo que siempre había sido: una actividad relacional, médico – enfermo, en la que se buscaba diagnosticar y curar o paliar la enfermedad. La Ciencia aplicada lo era del entorno, no del hombre.

Pero en los años 70 cambió todo. Se sabía que las bacterias hacen unos enzimas, las restrictasas, que cortan el DNA de virus que las infectan. Es un mecanismo natural de resistencia, pero esa propiedad, la de cortar al DNA en lugares específicos, permitió ver en ellas la gran herramienta de manipulación de ese DNA en los laboratorios. Junto con otras enzimas y métodos de aislamiento del DNA, tales herramientas inauguraron la ingeniería genética. Fue entonces cuando se dio la gran síntesis entre lo básico y lo aplicado. Precisamente en el ámbito de lo viviente. La reducción metodológica había mostrado todo su poder: no sólo se descifraba la información más esencial; también se la podía transformar. Se podría inducir a bacterias a fabricar insulina; se podría transformar al propio ser humano.

Nuevos avances técnicos ampliaron la visión de lo posible: anticuerpos monoclonales, perspectivas de terapia génica, métodos de secuenciación del DNA, elucidación de estructuras tridimensionales proteicas, el nacimiento de la bioinformática… Las promesas abundaron: se acabaría el hambre en el mundo, se vencería el cáncer, viviríamos más años, tendríamos ganado cuya leche fuera rica en determinados nutrientes o antibióticos…

El proyecto genoma fue la consecuencia lógica: había que leer el libro de la vida. Y finalmente, la gran aspiración: reescribirlo; no sólo toscamente, sino por completo, con genomas sintéticos o incluso modificando el propio código genético, pasándolo de tres a cuatro letras.

La gran revolución biológica se basó en algo bien sencillo: la reducción. Fue el estudio de los organismos más simples, los virus bacteriófagos, lo que permitió desarrollar la Genética molecular. La reducción metodológica se hizo sinónima de método científico. Ya lo había sido en Física; ahora le tocaba a la Biología.

La reducción metodológica hizo posible la transformación. Es fácil entender que, sin pensar, inconscientemente, se asociara reducción metodológica a reduccionismo ontológico. Desterrado el vitalismo, el ser humano sería entendible desde la escala molecular y transformable también desde ella. Desde entonces proliferan las afirmaciones ingenuas: somos nuestros genes, o la interacción de ellos con el ambiente; nuestros cerebros se podrán reconstruir algún día, nuestra mente es un gran software soportado por un hardware biológico comprensible y reconstruible (están en marcha los proyectos Connectome y Blu Brain) y el propio software, nuestro propio yo, podrá ser transferible a un soporte inorgánico. No hay bases positivistas para pensar lo contrario. Es sólo cuestión de tiempo y dinero.

Sabemos que no es así. Y que no sería deseable que fuera así. Pero la fascinación de la Biología aplicada, a pesar de tantas promesas frustradas, permanece y sostiene no sólo su propia promesa sino la más burda fantasía: nos enamora la dopamina y nos alegra la serotonina, la evolución ha seleccionado creencias y podremos vivir para siempre.

A diferencia de la Física, la Biología tiene un gran problema: la enorme variabilidad de los organismos. Incluso los que pertenecemos a la misma especie somos muy diferentes entre nosotros. Ante ese inmenso ruido de múltiples variables, relacionar entre sí unas pocas requiere el concurso de los contrastes estadísticos. El ensayo clínico muestra el poder de ese enfoque para aclararnos sobre lo que nos hace bien o lo que nos puede acortar la vida. La ciencia de la vida humana ha pasado a ser en buena medida ciencia estadística. Y, como en el caso de la asociación de la reducción metodológica al reduccionismo ontológico, también ha habido una confusión de la estadística como método a la estadística como referencia. Esa confusión facilita que pasemos de ser sujeto a ser objeto científico o, lo que es lo mismo, meros individuos muestrales, de tal modo que somos normativizados, medidos, evaluados, hasta el punto de que hay quien afirma que “lo que no se evalúa se devalúa”. Conocemos las consecuencias.

 

* Intervención para introducir el debate en el encuentro del Laboratorio del día viernes 4 de Marzo de 2011.

Ciencia y subjetividad

por Leonora Troianovski

 

Conversación con Javier Peteiro, autor de “El autoritarismo científico”

Buenas tardes,  en primer lugar quería agradecer a Miquel y a mis colegas del Laboratorio por darme la oportunidad de compartir mis preguntas con la mesa, con el Dr. Peteiro.

Tengo que decir que este libro me ha entusiasmado. En primer lugar bajo el modo del alivio, alivio por encontrar argumentaciones de peso con las que poder hacer frente a una especie de tsunami por el cual estamos siendo sacudidos desde hace ya algún tiempo (evaluación permanente, ISO, protocolización de las prácticas, medicalización de los lazos…), en un segundo momento sí el entusiasmo por su utilidad para pensar las cosas de otra manera.

En su lectura he encontrado una especie de arco que va desde la dilucidación epistémica al esclarecimiento de aquello que encontramos en el campo de las prácticas.

Una vez desandado el camino de la operación cientificista nos ofrece elementos para leer muchos de los fenómenos que acontecen en el quehacer institucional, interesándome especialmente cómo esto ocurre en el ámbito sanitario y  de salud mental, en el que desempeño mi trabajo institucional.

En este recorrido me ha acompañado, casi capítulo a capítulo, la pregunta por las consecuencias clínicas y éticas de la extensión del discurso cientificista. Es en este sentido que quería plantear algunas cuestiones y reflexiones a Javier, el dr. Peteiro, y dejarlas abiertas al debate con todos vosotros. Son cuatro puntos.

1. En el capítulo titulado Ciencia y poder, J.P Hace referencia a la figura del experto (Pag. 165) y lo define como la encarnación impersonal de este autoritarismo científico emergente. Luego introduce la noción de Calidad como adecuación a la norma no cuestionada según la cual “se hace medicina de calidad si se siguen los protocolos”.

Estas cuestiones que parecen muy teóricas o de gestión,  me evocaron inmediatamente una escena reciente, de mi propia práctica. Sabemos que en la red sanitaria hace algún tiempo funcionan las DPO, que establecen los objetivos a cumplir por los profesionales, en una especie de traducción del acto médico en términos evaluables según el baremo coste-beneficio. – Uno se pregunta cómo se calcula lo que se pierde en este desplazamiento de la clínica a la gestión…

En una reunión de equipo de Atención Primaria, surgía un tímido debate al respecto, ya que había diversas posiciones dentro del equipo. La respuesta de la coordinadora ante las controversias de ciertas prácticas iatrogénicas, inducidas por las DPO fue: “Si cumples las DPO eres un buen médico”… Fin de la controversia.

Este punto me ha interesado mucho en relación a la pregunta por la posición del profesional, a cómo cada uno se ubica frente a este discurso que actualmente impera en las instituciones sanitarias (y de salud mental).

2. Al hilo de esta primera reflexión, me preguntaba cómo un científico “de su época” (pag 121) –como decía Hanna Harendt respecto de la educación, cuya responsabilidad era hacer de los niños hombres que pudieran responder a la época en la que serán adultos-, es decir “bañado” en el discurso cientificista, ha podido dar un paso al costado e introducir la dimensión ética y la dimensión subjetiva, como hace por ejemplo en la página 126 “sólo hay un freno que es el ético”, o en la página 103 cuando desanda el camino y reintroduce al sujeto donde la disfunción eréctil “convierte la sexualidad en enfermedad”.

3. En el capítulo Cientificismo y sujeto habla del concepto de felicidad (pag. 73 Be happy!), y de las consecuencias del simplismo cientificista en Psicología. Habla allí del auge de la Psicología Positiva, que efectivamente aparece diseminada en el discurso de muchos médicos de familia (inseminada). En 1929 Freud escribió “El malestar en la cultura”, es decir que podríamos ya estar advertidos! Pero no…

La lectura de este apartado me hizo reflexionar una vez más en los efectos clínicos por un lado, y en el eco que tan fácilmente encuentra en los profesionales, que toman estos principios y se dejan orientar por ellos, orientando –o desorientando, a su vez a los pacientes.

A nivel de la clínica, encontramos por ejemplo la dificultad de elaborar los duelos, ya que cualquier pérdida es automáticamente positivizada (y en caso que no sea automático, están los psicofármacos o en su defecto las pagas por minusvalías), lo que crea un ejército de crónicos, entre otras cosas.

En cuanto a los profesionales,  pensaba en la felicidad líquida (o incluso gaseosa, por más efímera y tóxica) de los médicos, que creen evitar así, con el pregón del positivismo, el encuentro con lo real de la clínica (que sabemos vuelve desde otro lado).

4. En la Conclusión, dices “la perversión de la visión científica del mundo puede, haciendo de ella la única posibilidad de acceso a lo real … dar lugar a un monstruo quimérico…”

Aquí habría una paradoja – si JP está de acuerdo, y es, que creyéndose el único lenguaje verídico que abordaría lo real, no hace sino forcluirlo sistemáticamente en el nivel de la práctica clínica, como me ha parecido se recoge bajo múltiples ejemplos en el capítulo sobre Cientificismo y sujeto.

La relación de la ciencia con lo real y el real propio del psicoanálisis, un tema que hemos trabajado mucho en el Laboratorio…

Muchas gracias.

 

El deseo y la fatalidad

por Guy Briole

Encuentro con Javier Peteiro. “Cientificismo y sujeto”[1]

Tendrán tal vez noticia de la Profesora de medicina Maura Gillison de la Universidad de Ohio y de la Profesora de pediatría Bonnie Halpern-Felsher, de la Universidad de San Francisco. Hace unos siete días se hicieron famosas en el congreso de la AAAS: Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.[2] Resulta que hay algo mucho más grave que el tabaco como causa del cáncer de boca y de faringe, ¡es la sexualidad oral! La idea es la siguiente: como el papillomavirus humano (HPV) puede ser causa de un cáncer del cuello del útero, pensaron que podía transmitirse por vía oral. Entonces, a todos los que tienen un cáncer oral se les pregunta su número de parejas y las estadísticas indican que a aquellos que han tenido relaciones sexuales orales con más de seis parejas en su vida se les multiplica el riesgo por 8 en relación al resto de la población (contra 3 veces para los fumadores). La profesora indica que estos primeros resultados deben ser confirmados por otras investigaciones. ¿Y qué añade su colega pediatra? Hoy, los adolescentes prefieren este modo de relacionarse que piensan menos arriesgado, debido al sida, la posibilidad de embarazo, etc. “¡Para nada!”, dice, muy firme, la doctora, “hay que informar a los jóvenes” y propone vacunar también a los chicos. ¿Cómo estos pobres inocentes podían llegar a pensar que la sociedad, por medio de sus médicos modernos, les dejaría gozar en paz?

Esto confirma particularmente lo que subraya Javier Peteiro en la página 57 de su libro cuando separa, para diferenciarlos, la ciencia, por un lado, y la pseudociencia y el cientificismo por otro. Javier escribe que los dos últimos tienen un punto en común, “la falta de un método científico riguroso doblado de una afirmación decidida”. Podemos añadir que los anuncios de los resultados deben impactar a la opinión. Empiezan por una afirmación, a tutta forza, y siguen sotto voce con la frase clásica “otros estudios permitirían precisar estos primeros resultados”.

Sin embargo, el anuncio vale en lugar de la verificación científica que dejan para otros. De todas maneras quedará una huella en las mentes del público.

Esta manera, que llamaré cínica, de la medicina moderna de rechazar la cuestión de lo real, tapándola con un discurso pseudo-científico, tiene consecuencias en el abordaje del cuerpo del enfermo. Dos separaciones claras y decisivas marcan la evolución de la medicina (p. 58 y 59):

– etapa 1: el divorcio entre el médico y el paciente después de lo que es pertinente nombrar, aquí, como una separación de cuerpos.

– etapa 2: borrar al enfermo y extraer de él la enfermedad. Una enfermedad, y Javier lo subraya bien, puede reducirse en datos medibles, comparables, posibles a incluir en estadísticas. Entonces tenemos una enfermedad separada de la subjetividad del paciente y del médico.

– etapa 3: nada se opone, ahora, en hacer entrar las enfermedades en protocolos, con sus pronósticos sobre la esperanza de vida (¡un dato secundario!), sobre el coste médico y social (¡los datos esenciales!).

Aquí, comprendemos porque Javier escribe en la p. 68: “Con la medicina moderna renace el concepto de enfermedad como pecado” y también vemos por qué habla de lo que él llama la enfermedad-culpa.

La sociedad actual no quiere curar ya a los que no se comportan bien: gozan y, además, cuestan dinero. En el límite, podrían servir en todo caso como objeto de estudio.

La concepción de la medicina del siglo XXI está marcada por el ideal de la sanidad y por un retorno de una orientación moral.

 

El doctor Knock en el siglo XXI

Más allá de la enfermedad, lo que ocupa al médico es “medicalizar” lo normal (p. 67). Nos acordamos de esta frase célebre del Doctor Knock: “Todo hombre de buena salud es un enfermo que se ignora”[3]

Con la medicina moderna vamos más lejos que con Los morticoles[4] donde la población podía diferenciarse en enfermos y personas de buena salud. Ahora, es un todos enfermos. ¡Una excepción, posiblemente: los médicos! Hay que tratar a los no enfermos para que algún día no estén enfermos. Tampoco, esto no es del todo seguro. La industria se dio cuenta de que los no enfermos eran más numerosos que los enfermos. Entonces, habrá que ver el modo de implicar a esta población en los tratamientos. ¿Cuál es el razonamiento? Todos tenemos un factor de riesgo (en la familia hay cánceres del pecho, del colón, del tiroides; unos son demasiado gruesos, otros demasiado flacos, demasiado grandes, pequeños; riesgo del tabaco aunque usted no fume, riesgo sexual, etc.). Hay que hacer, pues, una prevención: tomar medicinas, realizar mastectomías desde los 16 años, amputar una parte del intestino, poner anillos gástricos, etc.).

Ya nos han convencido: ¡tenemos el riesgo! Aunque se sabe también que la pulsión de muerte nunca renuncia; es más decisivo que la genética. El médico con su pseudo-ciencia se consideró siempre “aparte”; no quiere saber nada de la pulsión de muerte; el cientificismo es aquello que debería vencerla. Esto reserva sorpresas muy malas; digamos que es algo que expone a los malos encuentros … Lo sé bien por haberlo vivido en mi propio cuerpo …

El cientificismo, dice Javier en la página 57, « tiene la pretensión de explicar todo lo humano ». Y eso se hace en nombre del progreso de la ciencia.

Pero, dime : « ¿Tú no estás interesado por el progreso de la medicina ? »

¡Claro que sí! En lo que no estoy interesado es en este proyecto de robotización de los actos de la vida cotidiana, en esta determinación triste de la vida. No me interesa una vida sin sorpresa, sin deseo, sin nada que pensar o esperar que no esté ya inscripto en algún lugar.

En el mundo actual se dice que los objetos de uso cotidiano tienen un limite de vida programado —móviles, lavadoras, etc. No me interesa saber que se puede establecer una cartografía genética que permita conocer mi “fecha de caducidad”.

Se necesita un cuerpo para desear. El deseo es lo que anima el cuerpo y sostiene la pulsión de vida. No hay ninguna fatalidad. ¡Es lo más científico que tenemos!


[1] Peteiro Cartelle J., El autoritarismo científico, Málaga, Miguel Gómez, 2010, 204 p.

[2] Congreso de la AAAS en Washington, 20.02.2011

[3] Esta frase del doctor Claude Bernard está sacada de Knock, una obra de teatro de Jules Romains.

[4] Daudet L., Les Morticoles, París, Grasset, Les cahiers rouges, 1956, p. 19 (Morticole: neologismo que puede interpretarse como aquellos que se entregan a una cultura de la muerte)